Entre la realidad y el deseo

El caos urbano es una realidad común para la mayoría de la humanidad, sentida con más dureza por aquellos que han desertado del campo y viven ahora en enormes conurbaciones urbanas. Actualmente existen unas catorce megaurbes con más de 10 millones de habitantes, y en cuatro de ellas Tokio, Nueva York, São Paulo y México viven más de 15 millones de personas. En Panamá, según el censo del año 2000, viven 2,83 millones de habitantes de los cuales 1,2 millones viven en el Área Metropolitana; y es en ésta enorme mancha urbana donde se evidencia con crudeza la escasa capacidad de la ciudad para responder a las demandas de los pobladores, y donde se desconoce la ciudadanía, entendida ésta como igualdad de oportunidades y de derechos.

Esta ciudad globalizada cada vez más caótica padece graves problemas: ruido ensordecedor procedente de cláxones ó de emisoras radiales y vecinos desconsiderados, contaminación visual derivada del desorden e incluso del mal gusto que abunda en los carteles comerciales, atmósfera contaminada por escapes de buses y automóviles en mal estado, quebradas y mares sucios y malolientes debido a los desechos industriales y domésticos vertidos impunemente en ellos, congestión vehicular agobiante, escasez escandalosa de áreas públicas, verdes y deportivas, así como escasez de veredas y alumbrado público, amén de violencia e inseguridad. Los problemas están por doquier, aunque más expresivamente en los barrios de viviendas precarias-, donde muchos de los aspectos identificados como derechos básicos de un ser humano, como el agua potable y sistemas sanitarios, desafían a la decencia común. Sin duda uno de los problemas más graves, por su impacto social y económico, es la incoherencia y el caos del tráfico vehicular, y el pésimo servicio de transporte público, que obliga a las clases más humildes a derrochar preciosas horas de descanso viajando en esas trampas de muerte conocidas como “diablos rojos”, amén los taxis que se niegan a llevar al ciudadano donde desea ir.

Ciertamente, un elemento fundamental que explica este caos citadino es la tradicional especulación inmobiliaria que se ha dado en la ciudad, aunada a una ausencia escandalosa de planificación urbana, fiscalización y participación ciudadana, lo que ha originado una infame segregación económica y social; llevándonos ineludiblemente a concluir que, hoy, el factor decisivo y configurador de la ciudad de Panamá es el dinero.

En la búsqueda de acciones para enfrentar esta debacle urbana es donde cobra sentido el titulo de este articulo: “entre la realidad y el deseo” ya que se sitúa dentro de la lógica de la despiadada realidad: desempleo, inseguridad, segregación física, social y económica, todos elementos del entorno que nos rodea; y el mundo ansiado por los ciudadanos donde se garantice la satisfacción de las necesidades básicas: cobijo, salud, educación, trabajo y recreo dignos.

Ya muchos ciudadanos, con problemas comunes a los nuestros están luchando por cambiar esas injustas realidades y se organizan para construir ciudades funcionales, competitivas y humanas. Así han surgido nuevas formas de gestión y se diseñan novedosas políticas públicas en las que temas como, modernización y democratización institucional, incremento de la participación ciudadana y gobernabilidad urbana están adquiriendo cada vez más importancia. De hecho organismos de Naciones Unidas, especializados en vivienda y problemas urbanos, como HABITAT, impulsan la gobernabilidad urbana, a través del fortalecimiento de procesos de empoderamiento e inclusión social que promueven la participación activa de la Sociedad Civil en la gestión de la ciudad.

En efecto, ya se esta abandonado la peregrina idea de que la resolución de los problemas de las ciudades es un asunto exclusivamente técnico y emerge con fuerza la convicción de que es imprescindible entender y otorgarle a la Política y a la participación ciudadana efectiva, un papel central. Y es que de naturaleza política son las decisiones que afectan el uso del espacio público, la vivienda, y la movilidad. Políticas son las acciones dirigidas a proteger a los ancianos, a los más pobres y a los discapacitados, ó las orientadas a brindar espacios de entretenimiento a los jóvenes. Recordemos que la Política es la opción de convivir con la injusticia o declarar la guerra a la exclusión En definitiva, política es la decisión de establecer nuevos cauces de participación de los ciudadanos en la vida pública para convertirlos en corresponsables de la resolución de los problemas y de la gestión de la ciudad.

Existen ya paradigmas de iniciativas destinadas a favorecer la participación de los ciudadanos en las decisiones que inciden directamente en la calidad se sus vidas. Así podríamos seguir el ejemplo de ciudades como Barcelona, donde se ha organizado, bajo en nombre de “Forum vecinal barcelonés”, asociaciones de vecinos, entidades cívicas y colectivos de profesionales para identificar “puntos calientes” donde se desarrollan conflictos en la ciudad;. En el forum se denuncian las dificultades para la participación ciudadana, la permanencia de la especulación inmobiliaria y la ausencia o escasez de equipamientos colectivos para jóvenes y adultos mayores; y se señalan a las autoridades que ceden protagonismo en la gestión de la ciudad a los intereses privados y permitiendo así la especulación, el caos y la segregación espacial y social.

En las vísperas del nuevo año 2005, renovamos la convicción de que otro mundo, otra ciudad, la ciudad de los ciudadanos, no es sólo posible sino imprescindible y que es necesario comprometernos a construirla con mayor solidaridad, unidad, determinación y humanidad. Reafirmamos nuestro derecho a definir la ciudad como un espacio público compartido, y la certidumbre de que para construirla los ciudadanos tenemos la última palabra.


Publicado en la Prensa 17 diciembre de 2004

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