La Ciudad Deseada



DÍA MUNDIAL DEL HÁBITAT, La Prensa , 4 de octUbre de 2010



La ciudad deseada

MAGELA CABRERA ARIAS
opinion@prensa.com

En 1986 Naciones Unidas estableció el primer lunes de octubre para conmemorar el Día Mundial del Hábitat. El lema de este año es “Una mejor ciudad para una vida mejor”, que pretende impulsar los derechos a una vivienda digna, acceso a los servicios básicos, a la educación, a la justicia, a la seguridad y a la posibilidad de vivir en armonía con el entorno.
Esta conmemoración me lleva a reflexionar sobre la brecha existente entre la ciudad que tenemos y la ciudad que deseamos. Vivimos en una ciudad que crece con desmesura. Las grúas, como los molinos del Quijote, mueven irreflexivamente sus brazos sembrando hormigón y destruyendo árboles, reduciendo calidad de vida y empujando cada vez más lejos a quienes no pueden pagar por una vivienda.
El impacto de las migraciones, las nuevas tecnologías de comunicación, la inseguridad, la crisis económica cíclica, la persistencia de la pobreza, el deterioro ambiental, el ruido, la contaminación, la segregación social y espacial, los desastres naturales y la pérdida de patrimonio histórico y arquitectónico, son algunos aspectos que convierten a las ciudades en grandes desafíos, donde los fenómenos se desenvuelven a una rapidez y escala difícil de gestionar.
La ciudad de Panamá crece porque ofrece oportunidades y promete una vida mejor. Desgraciadamente, en los asentamientos informales localizados en la periferia los pobladores no disfrutan de las ventajas de la vida urbana; no tienen acceso a los servicios esenciales, ni a sistemas de financiación que les permita mejorar las condiciones de su hábitat. Los que viven en la ciudad pierden calidad de vida resultado de problemas de movilidad, inseguridad ciudadana, escasez de áreas públicas y verdes, y servicios de infraestructura de agua potable y redes de alcantarillado insuficientes o saturados.
La ciudad deseada tiene que ser definida entre todos: empresarios, universidades, gobiernos locales y ciudadanos. La imagino como una ciudad inclusiva donde todos ejerzamos nuestro derecho, y como una ciudad sostenible, física, espacial, económica y socialmente. La imagino sumándose a las más de mil 500 ciudades que este año abrieron por un día las calles para la libre circulación de personas como cada 22 de septiembre, cuando se celebra el Día Mundial sin Autos.
Los temas que deberíamos considerar al momento de diseñar políticas públicas que protejan nuestro hábitat son muchos y diversos. Controles a las inmobiliarias que construyen destruyendo la armonía arquitectónica y el patrimonio cultural; política de fomento de áreas verdes –rescatando riberas de ríos, entre otras acciones– ; incentivos fiscales al uso de energías y medios de trasporte limpios y alternativos –paneles solares y bicicletas–; gestión municipal de recolección, reciclaje y tratamiento final de desechos; distribución constante de agua potable a todos los barrios; iluminación masiva en calles generando seguridad; construcción de espacios públicos recreativos–educativos promoviendo convivencia, sistemas integrales y complementarios al futuro metro y al metro bus que aseguren una adecuada movilidad y transporte. Y especialmente, mecanismos fiscales y tributarios que permitan al Estado asegurarse de que los más pobres ejerzan su derecho a la ciudad, considerando sus demandas y satisfaciendo sus necesidades.
Una ciudad atractiva es aquella donde se ha eliminado la contaminación visual –provocada por letreros descomunales–, donde no hay contaminación por ruidos excesivos y que puede ser recorrida no solo por los vehículos sino por los peatones –incluyendo los que tienen limitaciones físicas– para lo cual necesitamos aceras y pasos peatonales. Y, finalmente, una nomenclatura integral de calles y avenidas que permita la localización de estructuras, lo que facilitará la hasta ahora caótica prestación de servicios –incluyendo los de emergencia–.


Ya quedan pocos lugares para escuchar las risas de niños jugando en la ribera de los ríos, para contemplar el revoloteo de las mariposas, o para ver a una pareja de amigos conversando bajo la sombra benigna de un sauce llorón en un día de verano ardiente. Ya quedan pocos rincones en la ciudad para el milagro de la vida. Necesitamos promover oportunidades económicas, ampliar la inclusión social y política, invertir en capital social, repensar en las políticas adecuadas para promover hábitat, sumando esfuerzos podremos construir una mejor ciudad para una vida mejor y dejar atrás la ciudad del temor, la de la abulia, la que no tiene futuro.
Mapa Urbano de la Ciudad de Panamá

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