Casco Antiguo, ¿patrimonio de la humanidad o del mercado?




MAGELA CABRERA ARIAS

opinion@prensa.com, 27 abril de 2011
Patrimonio histórico de la Humanidad” es el título que, desde 1972, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) confiere a lugares que muestran importancia cultural excepcional. Entre ellos se incluye –desde 1997– el Casco Antiguo de ciudad de Panamá, reconociendo así el valor del segundo emplazamiento que tuvo la ciudad, a partir de 1673, luego de su destrucción por el pirata Henry Morgan en 1671, y que muestra el típico trazado reticular (con forma de red) del Siglo XVII –concerniente a una de las fases más importantes del urbanismo hispanoamericano–.
En febrero de 2011, el MOP anunció proyectos viales cuya ejecución tendrán consecuencias significativas sobre el Casco Antiguo: La fase III de la cinta costera que uniría la fase II (área del Mercado del Marisco) con la Avenida de Los Poetas, a través de un pasaje subterráneo por El Chorrillo. La compañía ganadora de la licitación no ha explicado aún cómo desarrollará este tramo –el pliego de la licitación permite presentar propuestas alternativas al túnel–. En los diarios se evidencian preocupaciones ciudadanas ante la posible construcción de una carretera, bordeando el Casco Antiguo.
La Unesco en reciente visita oficial (10/2010) mostró desasosiego respecto a la posible construcción de una vía perimetral y a la ejecución de restauraciones agresivas que alteran las estructuras originales en el Casco Antiguo. La vía perimetral no solo afectaría la preservación de sitios excepcionales históricos y culturales, sino que, además, impulsaría un proceso ya iniciado de gentrificación –expulsión de familias de bajos ingresos residentes en el área–.
La gestión del patrimonio es responsabilidad del Estado en un marco legal que reconozca primero los objetos y áreas patrimoniales sujetos a preservación –acción de gran visibilidad política que requiere estrategias de conceptualización del territorio, de comprensión de sus significados culturales y de sensibilidad social–, de forma de gestionar adecuadamente la disputa entre los variados intereses de los actores involucrados: el Estado, las organizaciones sociales, el sector privado y la población residente.
Actualmente el Casco Antiguo atraviesa una etapa de restauración y puesta en valor, con fuerte actividad comercial y de servicios asociada al esparcimiento y al turismo. El desafío de la gestión es intervenir, priorizando el bien común, preservando el patrimonio cultural e histórico resguardándolo de la mercantilización de sus valores. La valorización de los elementos patrimoniales es el punto de partida para desarrollar el turismo cultural, que a su vez fomenta la recuperación de otros elementos de la zona protegida.
El título de Patrimonio de la Humanidad confiere valores económicos que son apropiados por el mercado inmobiliario; lamentablemente, esta mercantilización inhibe su valor cultural y es un factor contrario a la gestión sustentable del patrimonio. Así vemos en el Casco la multiplicación desequilibrada de actividades turísticas en desmedro del desarrollo de actividades de desarrollo local, sumadas a la expulsión de población. Debe buscarse un equilibrio que permita promocionar el turismo entendiendo que la gente es la principal depositaria de la cultura, producto esencial de atracción del turista.
El Casco Antiguo concentra valores simbólicos de la ciudad y aglutina monumentos singulares, religiosos y civiles que constituyen una riqueza cultural incomparable. Además, enfrenta desafíos tales como la concentración de pobreza social y el deterioro de la calidad de vida de la población residente, manifestada en espacios tugurizados (hacinados) y edificaciones deterioradas, inseguridad y degradación del espacio público, así como la pérdida del imaginario de su origen histórico. Precisamente, por ello, es urgente que la estrategia de recuperación implique acciones coordinadas que se reflejen en un plan maestro con acciones específicas para ordenar la estructura urbana, recuperar y rehabilitar las edificaciones, promover el empleo para la población residente y capacitarla para el turismo y para la preservación de la memoria histórica.
La Oficina del Casco Antiguo debe fortalecerse y enrumbarse con claridad para alcanzar los objetivos antes mencionados de forma de minimizar los conflictos de intereses, visibilizados en la especulación inmobiliaria y la gentrificación.
El impacto de una vía que bordee el Casco, sumada a la práctica de “dejar hacer, dejar pasar” a las improntas del mercado inmobiliario y la desatención a las necesidades de la población residente, son amenazas que atentan con la preservación del Casco Viejo como Patrimonio de la Humanidad.

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