Refutación de un problema

Por Carmelo Ricot

A Carola Inés Posic

La distancia no es problema, le dije. Casi todo invento humano tiende a resolver la distancia.

El primer encuentro fue colectivo y distante; solo al final nos dimos algún indicio. Me mandó un mensaje y le respondí, distante. Probamos con correo electrónico y anduvo bien. Nos escribíamos de noche, mayormente. El trato era distante pero poético. Nos enviábamos música a la distancia.

Un día acordamos hablarnos, a la distancia. Fue de noche, yo caminaba por un lugar distante y le contaba lo que veía. Ella se reía a la distancia; yo me acordé de algo que me había dicho un amigo allá lejos y hacía tiempo: “mientras la mujer se ría, está todo bien”.

Me preguntó qué cosas me conmueven, le respondí.

Me preguntó que pensaba que pasaría cuando nos encontráramos. Le respondí, distante y evasivo. “¿Querés detalles?”, le pregunté. Sí, quiero detalles, me dijo. Se los di. Pensé donde convendría hacer el encuentro. En nuestras ciudades se impondría lo cotidiano, a mitad de camino sería banal. Recordé una fiesta donde siempre había querido estar. “Podría ser el sábado en la corrida de toros de Casabindo”. “¿Tengo una cita este sábado?”, buscó confirmación; “Si, buenas noches”, le respondí distante. Nosencontramos el viernes a la noche en Jujuy.

Y ya nunca nadie más nos separó.

Carmelo Ricot es suizo y vive en Sudamérica, donde trabaja en la prestación de servicios administrativos a la producción del hábitat. Dilettante, y estudioso de la ciudad

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