Aire a domicilio

Por Emilse Pizarro

El argentino Mariano Rapoport fue uno de los ganadores del concurso Ciudades habitables, en Holanda. Su proyecto: crear zonas de esparcimiento nómades, que circulen por los barrios y permitan aprovechar mejor

Aire libre a domicilio
La grandeza de lo sencillo. / Manuel RapoportVer más fotos

Amsterdam.- Una apertura de programa televisivo de Cris Morena en loop: eso es esta ciudad en un primer parpadeo argentino. Bicicletas de paseo que van a velocidades incompatibles con un paseo, el solcito pega en las mejillas holandesas y en las medias negras de mujeres oficinistas que en 3, 2, 1 arrumbarán la vieja, viejísima bici en una esquina por unas horas. Más tarde nos enteraremos que, salvo que quieras estar gastando -también en loop- en nueva bici, no tiene sentido tener el último modelo: el amigo de lo ajeno también conoce Europa.

Hasta aquí, a la ciudad de sexo de vidriera, segundos de Venecia y museos con colas en las que no importa el tiempo y sí esquivar las dos ruedas que te llevarán de paseo sin aviso si no te corrés, llegó Manuel Rapoport.

Una revista seguía llegando a una casa donde el suscriptor interesado ya no vivía. El contenido podía interesarle a un amigo diseñador industrial, Manu. Manu encontraría en las páginas un concurso, Ciudades habitables, de Philips, que premiaría proyectos que mejoraran la "salud y el bienestar de las personas en las grandes ciudades". Fue el impulso para terminar de darle forma a la idea que trabajaba de a ratitos desde hacía tres años. Una plaza móvil para las calles de Buenos Aires. No, no había enloquecido: no pretendía estirar una sábana de pasto sintético en las calles.

"Yo viví en San Telmo. Hay muchas calles de poco tránsito que podrían ser un lugar de encuentro y juego", explica. Plaza Móvil sería una calle que se cortaría un fin de semana o feriado, a la que llegaría un camión con el mobiliario urbano -en tangibles: sillones para los más grandes, aros de básquet para probar puntería, arquitos para errar goles, muro de escalada para pasar vergüenza ante el deportista de la cuadra- y transformaría durante un día los 100 metros de asfalto e insultos vehiculares en jugar un rato en la puerta de casa. Lo más destacable del proyecto es que no se articularía desde un gobierno o un municipio; lo más importante es que desde la charla con los vecinos se definirían qué juegos y calles son los mejores para probar jugar sobre los pasos de cebra. Claro, sí, se necesitaría del gobierno local para obtener el permiso de cerrar el paso de la calle.

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"No sé qué tendrán más en cuenta, si el impacto o la viabilidad del desarrollo del proyecto, no sé", me decía bajando la barbilla, bajo los efectos de esa empatía efímera pero robusta que genera saberse al lado de alguien que conoce quién es Pappo y las medialunas de Atalaya a 11.000 kilómetros de Pappo y las medialunas de Atalaya.

De 450 ideas de 29 países quedaron 8. Manuel compite contra proyectos que proponen paliar la problemática del agua potable en Yemen, a la creación de refugios para el sol y la lluvia en Uganda y ayudas a los chicos sordos de Kenya. La cosa no está fácil, si lo miramos con ojos de Unicef.

La cena de premiación lo tiene a Manuel sentado, de traje, junto a su mujer que llena la sala del Rijksmuseum con dulce tonada cordobesa. Y le pregunta si está nervioso.

Una presentadora cuya cordialidad nos hace ensayar la traducción de exasperante, anuncia que James Kityo de Kampala, Uganda, es uno de los ganadores. Se irá de Amsterdam con 25.000 euros para desarrollar sus Puestos de sombra. Todos aplaudimos por esas gestas lejanas que vemos por TV. La noche avanza con un comensal nativo que nos dice que Máxima es divina, y que no entiende cómo se casó con un tipo tan aburrido como el príncipe Guillermo y que odia a los turistas en bicicletas, porque "creen que alcanza con saber andar en bicicleta, y no: acá hay que saber andar como andamos". Tiene razón. El dominio del serpenteo de manubrio es vital en esta capital. Tanto como saber notar que la cantidad de bicicletas en la puerta son a los coffee shops lo que las estrellas a los hoteles.

Para personas de todas las edades. Encuentro. Calles. La suma de lo que está diciendo la presentadora daría Rapoport como resultado, según nuestra traducción en línea. Manuel clava la mirada en el escenario. Y entonces escuchamos que sí, que de la Argentina es el proyecto que también se llevará 25.000 euros para probar, intentar convertir una calle en una plaza por un día. Una palmada europea a la nostalgia tanguera de volver a jugar en la calle.

La ganadora del máximo premio fue Sabrina Faber. Los 75.000 euros servirán para su Acopio de agua de lluvia en Sana'a (Yemen): un sistema que capta, filtra y reutiliza el agua que se acumula en las azoteas en un lugar donde, según la universidad local, el 80% de los conflictos se genera por la escasez de este recurso.

Manuel vuelve a la mesa y ya está pensando en cómo implementar su proyecto, de qué modo acercarse a qué vecinos, cuáles serían los barrios adecuados para empezar. Sus ojos están en Boedo, Balvanera, San Telmo. Parece que hay una posibilidad de que abramos la puerta para ir a jugar, que la calle puede ser nuestra por un ratito.


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