De ciudadanos a meros sobrantes


 Sassen

La nueva fase del capitalismo avanzado se caracteriza por un marcado aumento del número de personas que han sido “expulsadas”, número mucho mayor que las clases medias recién incorporadas en países como India y China. Utilizo el término expulsados para referirme a una variedad de situaciones: la creciente cantidad de indigentes o desplazados de los países pobres que son almacenados en campamentos de refugiados formales e informales; las minorías de los países ricos que son almacenadas en las cárceles; los trabajadores cuyo cuerpo queda destruido por el trabajo que realizan o inutilizado a edad sumamente temprana; las poblaciones fuertes y sanas excedentes almacenadas en guetos y villas de emergencia.
Es una distribución salvaje. Solemos pensar que las complicadas tecnologías y economías del mundo moderno producen sociedades cada vez más complejas. Pero, en realidad, hoy día muchos de nuestros instrumentos más complejos producen barbaridades elementales: algunos de los instrumentos financieros más complicados, desarrollados por personas brillantes en matemática -en su mayoría físicos-, se utilizan para destruir a las pequeñas empresas y a hogares de clase media modestos. Las empresas multinacionales han tenido que desarrollar complejas estructuras organizativas para tercerizar millones de puestos de trabajo en países de bajos salarios para conseguir mano de obra algo más barata.
Una nueva forma de expulsión es el desplazamiento masivo de la tierra del complejo embalaje que es el “territorio nacional soberano” a tierra elemental en venta en el mercado global. En teoría, el “territorio nacional soberano” implica necesariamente un Estado con autoridad para admitir un reclamo, para proteger a sus ciudadanos más débiles, etc. (Repito … ¡en teoría!).
En cambio, la reducción a tierra significa que todo aquello que esté sobre la tierra -hoy, en general, aldeas pobres y economías tradicionales- se vuelve menos valioso que la tierra en la que se ubican esas aldeas o se desarrollan esas actividades.
Cabe destacar que, desde 2006, gobiernos e inversores ricos han comprado o arrendado unos 30 millones de hectáreas de tierra para cultivar alimentos para los países ricos y acceder a las napas freáticas, los minerales y los metales. Al mismo tiempo, en este período, los 17 millones de personas desplazadas pasaron a ser un total de 27 millones. Entre estos hechos no hay necesariamente una correlación estrecha pero sí, como mínimo, un efecto de interacción, en especial en África.
Los compradores/arrendatarios de tierra en general son Estados de países ricos -Corea del Sur, Suecia, China, Arabia Saudita, los estados del Golfo-. También hay un mix de empresas, entre las que se cuentan firmas de servicios financieros como JPMorgan. La tierra adquirida abarca millones de hectáreas de Etiopía, Sudán, Ucrania, Liberia, Congo y Zambia.
Lo que hace posible este mercado global en veloz crecimiento es una combinación de condiciones que ha devastado enormes extensiones de nuestro planeta: la pobreza y la enfermedad, los conflictos armados y los gobiernos que se vuelven disfuncionales a causa de la corrupción aguda y un régimen de deuda internacional debilitante, dos problemas que llevan a la incapacidad extrema para satisfacer las necesidades de los pueblos. Muchos de los pueblos de estas tierras han pasado de la complejidad de las personas vistas como ciudadanos a ser considerados un excedente, en el mejor de los casos útil para el tráfico de trabajadoras sexuales, como cuerpos para el trabajo y como fuentes de órganos cuya demanda crece en el mercado global.
¿Qué vendrá a continuación? Históricamente, los oprimidos a menudo se han levantado contra sus amos. Pero hoy los oprimidos en general han sido expulsados y sobreviven a enorme distancia de sus opresores. Además, el “opresor” es cada vez más un sistema complejo, una mezcla de personas, redes y máquinas. Sin embargo, hay lugares donde todo esto se aúna, donde el poder se vuelve concreto y puede ser abordado y donde los oprimidos son parte de la infraestructura social que hace que todo esto funcione. Entre tales sitios se destacan las grandes ciudades, en especial las ciudades globales.

Sassen vino a Buenos Aires a presentar su libro “Territorio, autoridad, derechos” (Ed. Katz) y a participar del 3° Coloquio Internacional Derechos sociales para todos y entre todos. Hacia una ciudadanía plena. Traducción de Elisa Carnelli.

Comentarios