Crimen ambiental

fragmentos.....

por Maria Moreno



Un árbol es una fábrica completa.  Y un bosque es todo un sistema productivo.  No como el sistema judicial del que ustedes provienen. Pues, en la naturaleza, las leyes no se cambian cada 5 años ni a conveniencia de cualquier insecto, por muy importante que este sea en la cadena evolutiva.  Sólo se producen cambios para salvaguardar la vida del ecosistema, cuando este es alterado por causas externas. Y es que en la Naturaleza, todos son importantes, con distintas funciones, pero igualmente importantes y necesarios. Y,  a diferencia de su Corte, todos se toman en cuenta para mantener el “justo equilibrio” del sistema.
Por eso un árbol, no sólo da sombra ni frutos.  Un árbol, señores magistrados, no sólo tiene la facultad de absorber el dióxido de carbono y liberar oxígeno, sino también la de limpiar el aire de sustancias tóxicas como los metales pesados, presentes en el “smog” (plomo, óxido nitroso, dióxido de azufre, manganeso, etc), precisamente esos tóxicos que alegremente esparcen sus autos, por muy lujosos que sean, durante el “tranque” que ahora dura todo el día.  Estas sustancias son responsables de la mayoría de los problemas respiratorios, y las alergias, que se han vuelto tan comunes.
Estos elementos dañinos son almacenados en la madera de sus troncos.  Por eso, mientras más viejo es el árbol, más sustancias ha logrado atrapar para bienestar nuestro. Al talar un árbol, se cierra una fábrica de oxígeno, y se liberan al ambiente sustancias nocivas que con tanto esfuerzo, y tiempo, lograron atraparse.  Un ejemplo de ello lo tenemos en un estudio realizado por la Universidad de Panamá, en dónde colocaron estaciones para monitorear la calidad del aire en la ciudad. El resultado, ya en el 2007, fue alarmante.  Según los valores de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), la ciudad de Panamá se excedía en varios de ellos. Uno de los peores fue el plomo, cuyo valor superaba 3 veces el límite establecido. ¿Saben ustedes, ilustres funcionarios, lo que el plomo le causa a nuestro organismo?  Tal vez su fallo, sin saberlo, es producto ello.
Cuando se talan hectáreas, se cierran muchas fábricas.   Un árbol puede almacenar hasta 15 libras de dióxido de carbono por año. En una hora, una sola hectárea de árboles, proporciona oxígeno para apenas unas 40 personas. Y en vista de que ustedes aún respiran, me pregunto cómo piensan asegurarse su ración de oxígeno sin quitarnos a nosotros la nuestra.  Ya que permiten que se destruyan bosques enteros para saciar la codicia de unos cuantos…que desgraciadamente, también respiran.
Cabe destacar que ahora que está de moda asfaltar varias veces la misma calle, habría sido de mucha ayuda contar con todos esos árboles talados a lo largo de las vías, pues los componentes volátiles del asfalto se evaporan más lentamente bajo la sombra, y aumenta la durabilidad del mismo, por ende, su mantenimiento.  Pero claro, entonces se dañaría tan lucrativo negocio.
Los árboles no detienen una tormenta, pero si restan velocidad a sus vientos. Actúan como una barrera disipando su fuerza. Sin ella, su velocidad sería mucho mayor y causaría más estragos.  Por eso, cada vez que un árbol cae abatido por efecto de la tormenta, lo hace cumpliendo con uno de sus deberes: protegernos de la furia de las tormentas.  Lástima que no pueden protegernos de las tormentas políticas, ni de la fuerza conque, decisiones como las suyas, golpean a la población.
Las ramas y hojas sirven como manto para mitigar la radiación solar, responsable del cáncer de piel. También actúan como aislante térmico y regulador del clima, al reducir la temperatura a su alrededor.  Aparte de, amortiguar el impacto directo de las gotas de lluvia sobre el suelo que, junto a las raíces, evitan la erosión del mismo. Y son precisamente esas raíces las que brindan soporte a la tierra y la hacen más firme. También, actúan como una  “esponja” que absorbe el exceso de lluvia y libera poco a poco el agua durante la estación seca. Además, al absorber y almacenar agua, evitan inundaciones y deslizamientos que, cuando ocurren, aislan a poblaciones enteras, y cobran tantas vidas.  Y, a diferencia del cemento, absorben y bloquean el ruido del entorno. Plantados en grupo logran reducirlo de unos 6 a 10 decibeles.
 ¿qué tiene que ver un árbol con el manglar?.   Pues todo.  El fallo de la corte ha desprotegido un área que alberga los bosques primarios mejor conservados del país.  Tan solo Petaquilla Gold tiene concesión de unas 13 mil hectáreas en Donoso.  Y como el oro brilla más que un árbol, supongo que es fácil encandilarse a la hora de emitir un fallo como ese.  Poco importa que el oro haya registrado 4 meses consecutivos de descenso, al punto de cerrar el mes de mayo con una baja de casi 7%. Total, el negocio en Panamá es muy rentable, por cada dólar de ganancia la empresa se lleva 96 centavos,  y los 4 centavos restantes, más la destrucción del ambiente, es lo que queda para los panameños.  Algo similar sucede con el cobre,
En cuanto al manglar, pues es que el mangle es un árbol, aunque muy tolerante a la sal, eso sí.  Tan tolerante como los panameños ante los desaciertos y negociados de sus gobernantes.  El nombre “mangle” significa “árbol retorcido”.  Aunque no tan retorcido como ciertos fallos que conozco.  En especial ese aquel que les dejó desprotegidos.
Su función es un poco distinta a la de otros árboles, pero a la vez similar en muchos aspectos.  Seguramente para ustedes, señores magistrados, sólo es alguna especie de matorral cenagoso que daña el litoral, e impide la construcción de lujosos y hermosos “desarrollos” urbanísticos.
Lo cierto es que el manglar, junto al arrecife de coral, es la primera línea de defensa ante maremotos, tormentas y huracanes.  Protegerlos nos beneficia más que crear un fondo monetarios para hacer frente a “desastres no tan naturales” como los que ustedes estás propiciando. Sus cualidades son similares a las de cualquier otro árbol pero con mayor potencial.  Sin ellos, el agua del mar irá erosionando la costa,
Los manglares son también bosques capaces de crecer en medio del agua salada.  Una de sus funciones primordiales es la cría de especies marinas de las cuales ustedes, señores magistrados, disfrutan mucho.  Cuando se destruyen, se afecta la pesca, y a quienes viven de ella.  Estoy segura de que sus paladares están habituados a langostinos, cangrejos y todo aquello que sus jugosos salarios, pagados con nuestros impuestos, les permiten degustar con frecuencia.
No dudo que el tema de los huracanes, sismos y maremotos (“tsunamis” para que me entiendan), se les antojen improbables.  Y tal vez así era antes, pero gracias a personas como ustedes, las condiciones se han modificando.  Supongo que eso es parte del cambio que tanto pregonan.
La verdad, poco importa si estamos en riesgo de huracanes (aunque hemos sentido sus efectos), basta con una simple tormenta tropical para que la ciudad se convierta en una réplica de Venecia.  Tal vez al presidente le regocije pasear en góndola uno de estos días. Lo cierto es que ustedes olvidan que la ciudad se encuentra al nivel del mar, es decir a 0 metros sobre él.
Si a eso añadimos la cantidad de asfalto y cemento que cubre el suelo hoy día, entenderán que ya la tierra no tiene la misma capacidad de absorber el exceso de lluvia que transforma las calles en ríos.  Sobretodo porque el “progreso” desenfrenado  de la construcción se ha encargado de utilizar los desagües para depositar sus deshechos.
Ahora súmenle a eso la destrucción de los manglares.  Esos que almacenan agua, y que nos protegen de inundaciones. No hace falta ir muy lejos para conocer sus efectos, los Colonenses lo saben mejor que nadie.  Añadan también las mareas que cada vez son más altas.  Tan sólo para los próximos días se esperan mareas arriba de los 17 pies.
Pero, no sólo eso.  Resulta que el casquete polar se está derritiendo aceleradamente y por tanto, el nivel del agua está aumentando.  Ya hemos visto ciudades prácticamente devoradas por el mar, en muchas partes.
Por si fuera poco, hemos tenido alertas de “tsunamis”.  Incluso, nosotros mismos tenemos el potencial para generar uno, pues el Istmo forma parte de la Microplaca Panamá, la cuál es un área sísmica activa.  Pero más aún, tenemos cerca una de las fallas geológicas más importantes: la de Gatún.
Podría extenderme mucho más sobre la importancia de los árboles y manglares pero, si con lo que les he mostrado no es suficiente para reactivar sus funciones cerebrales, menos podría lograr si continúo ofreciéndoles más datos.
No sé si apelar a su sentido común es suficiente, pues es bien conocido que este es el menos común de los sentidos.  Y si a eso agregamos el verdadero interés que les mueve, bien haríamos en prepararnos para el naufragio de este barco llamado Panamá, más hermoso e imponente que el Titanic, pero al mando de una tripulación soberbia y pueril, que aún no percibe su propia vulnerabilidad y juega con su destino

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