La recuperación de la vereda en el diseño de la ciudad

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El principal tipo de espacio público en Estados Unidos es la calle. Desde hace mucho tiempo ha sido el soporte de la economía, sirviendo como escenario en el intercambio y en la interacción entre clientes, comerciantes y empresarios. Entendiendo que ni las calles ni las ciudades son estáticas, ni tampoco completas, y teniendo como base que desde las veredas surge la idea de la creación de valor, éstas continúan evolucionando como el facilitador de la vida urbana. Al igual que los ríos, estos puntos de contacto con la “orilla” crean torbellinos de actividad. Por esto, a medida que nuestras calles reciben vehículos más rápidos y más grandes, el río se convierte en la calzada para separar la actividad que da origen a las veredas.
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Las veredas a menudo son pasadas por alto. Antes de que se instalaran en las ciudades, simplemente eran las áreas que no estaban definidas por los incipientes límites del camino. Con el cambio de las necesidades, poco a poco han ayudado a eliminar la suciedad y la congestión de las calles. Eventualmente, sobre las veredas se fueron acumulando elementos en capas, como árboles, bancas, carteles, kioskos, luminarias, postes, racks para bicicletas y así sucesivamente. Cuando la ciudad fue dando paso a los autos y creando políticas de apoyo para éste, las veredas se fueron eliminando, creando un nuevo contexto de menor densidad. Aún así, las veredas se convirtieron en el punto de interacción activa entre los caminantes y las personas sentadas en los patios o que estaban de paso, ya que eran fundamentales para permitir a todas las personas hacer sus propias rutinas.
Pero con el tiempo las veredas presentaron una relación de calidad y diseño fuera de las subdivisiones. Los condados y suburbios simplemente no veían el valor que otorgan las veredas a través de un auto-desarrollo, sino que las vieron como una distracción para el tráfico. Así que se eliminaron. Gran parte del desarrollo de los años sesenta, setenta y ochenta, en EE.UU., se puede ver sin una vereda o, en el mejor de los casos, con un mosaico roto de segmentos de aceras.

A medida que el costo real de las opciones que entregan las veredas queda claro, se ha iniciado una reorganización de los patrones de tiempo y construcción de ellas. La calle, una vez más, se ha convertido en un tema prioritario en la creación del nuevo desarrollo urbano y suburbano. Pero la transición no siempre ha sido fácil. En ningún caso se han destinado gastos para construcción y mantenimiento de éstas, sino que las calles que se han desarrollado completamente, ofrecen un lugar para todos siempre que permanezcan en su lugar designado. Los peatones tienen su espacio, los ciclistas los suyos. Antes los autos eran libres de moverse a cualquier velocidad, comúnmente a 75 km/h y su amplio espacio fue provisto de cunetas, jardines y otros dispositivos destinados a proporcionar equipamiento urbano, como los que se ocupan de las aguas pluviales in situ, y, literalmente, hasta la vía verde. El fenómeno de la calle completa no es más que un punto de parada en el camino de regreso a la calle.
En efecto, es en este punto en que estamos empezando a aprender acerca de ese concepto original de las calles y de lo que tienen que ofrecer en un lugar solvente, vibrante y resistente.
Y es aquí donde el papel de la acera se enfoca para que la actividad entre lo público y lo privado se arraigue. Ya no se pueden hacer veredas desconectadas o relegadas a un solo uso. La superposición de funciones de diseño es fundamental para lograr el valor que proporcionan. Pueden ser amplias, a ras de la calle o en relieve, con toldos, galerías, salas de juego o árboles en la calle. En las veredas se pueden instalar sillas para comer, siendo como la extensión de una tienda, o simplemente un lugar para pasear y distraerse. Las veredas pueden ser la ruta segura a los colegios o a los medios para recorrer los barrios en zonas urbanas o menos densas.
En cualquier caso, una vez más, debemos apropiarnos de las veredas

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