Informe GEO Panama, capitulo IV

Autoridad Nacional del Ambiente, PNUMA, ALCALDIA DE PANAMA, UNIVERSIDAD DE PANAMA
Informe GEO Ciudad de Panama

Perspectivas del Medio Ambiente Urbano. 

Capítulo 4 IMPACTOS 

El estado actual del medio ambiente en Panamá Metro, resultante de presiones diversas que se han intensificado en los últimos decenios, genera una serie de impactos en diferentes ámbitos de interés para las colectividades humanas. Ellos se aprecian en la modificación de las estructuras que sirven de base física a sus ecosistemas naturales y urbanos, al igual que en la perturbación de la organización ecológica de los mismos.

Los estados de los sustratos y de las comunidades que se organizan ecológicamente en ecosistemas repercuten, a su vez, sobre la vulnerabilidad de los barrios y la calidad de vida de la población, dimensión social que abarca el área de la salud.

1-Impactos en  los ecosistemas.

Los sustratos físicos naturales de los ecosistemas de Panamá Metro, representados por masas de aire móvil, abundantes corrientes y depósitos de aguas dulces, aguas marinas, islas, llanuras, cerros, colinas, alteritas, alfisoles, acumulaciones cuaternarias y trayectos costeros rocosos, arenosos y fangosos han perdido mucho de su estado natural, hecho que ha reducido el número de comunidades y poblaciones de seres vivos que en ellos se organizan.

En compensación, el medio natural ha logrado conservarse en muchas áreas y, en otras, al regenerar los bosques, los ecosistemas se han reorganizado. Por otra parte, los procesos naturales intervenidos por los seres humanos crearon ecosistemas urbanos y periurbanos montados sobre pavimentos, viviendas, edificaciones, obras de infraestructura, jardines, arboledas, explotaciones agropecuarias y residuos de sustratos naturales.

Sin embargo, el deterioro ambiental y los cambios drásticos de la morfología  urbana hacen impacto sobre los ecosistemas, afectando por un lado  al mar, a la costa, a  los bosques y a las áreas silvestres  protegidas  y, por el otro, a los ecosistemas de tipo urbano y periurbano creados a través de los siglos, como una adaptación a los procesos de urbanización.

1.1-Simplificación de la biodiversidad marina y costera.

La biodiversidad o diversidad biológica es la propiedad de variedad y variabilidad de los seres vivos. Para interpretarla, deben apreciarse las diversidades en especies, en ecosistemas y en recursos genéticos. El mar y las costas de Panamá Metro, en su estado natural, han sido ricos en ecosistemas y especies, razón por la que han constituido fuentes tradicionales de alimentos y materias primas.

Sin embargo, procedimientos irracionales de pesca, rellenos, construcciones y contaminaciones diversas han introducido cambios ecológicos que se reflejan en disminuciones de las poblaciones de muchas especies y en simplificaciones de la biodiversidad.

La población de las diferentes especies de tiburones que hay en los mares istmeños y, por tanto, en la bahía de Panamá, ha disminuido considerablemente según los pescadores artesanales, debido a las capturas destinadas a retirarles las aletas, importantes productos de exportación. Los tiburones, singulares depredadores, mantienen el equilibrio ecológico en los mares y su carne es una fuente barata de alimentos.

A causa del uso de redes clandestinas de poca longitud de malla por parte de muchos pescadores, se han empobrecido los bancos camaroneros del golfo de Panamá, hecho que ha reducido paulatinamente la pesca anual obtenida, entre ellas la de Penaeus occidentales o langostino, extraído de las aguas costeras del occidente de la bahía de Panamá. La pesca de especies del género Penaeus en los diferentes golfos del Pacífico panameño ascendía a 1,583 miles de kilos en 1990, pero en 2005, las pescas industrial y artesanal de estas especies sólo aportaron a 1,018 miles de kilos.

La contaminación de la zona intermareal de la parte occidental de Panamá Metro y de algunas aguas de la costa sumergida ha simplificado la biodiversidad desde hace varios decenios. El aumento de las descargas de heces fecales, residuos orgánicos y detergentes ha elevado la cantidad de nitrógeno y fósforo,    creando    proliferaciones    periódicas    de organismos vegetales. Los consecuentes procesos de eutrofización han reducido el oxígeno disuelto en las aguas marinas. En las orillas de éstas se encontraron valores de oxígeno disuelto inferiores a 4 partes por mil (CONAMA 1990).

Como consecuencia, muchas de las especies más exigentes en aguas de calidad han partido de estos sectores y sólo se logra la obtención peces inútiles o de condición inferior tales como sardinas, agujas, bagres y tamboriles. A causa de la fuerte contaminación bacteriológica, por otra parte, la pesca ha sido prohibida en esos sectores afectados.

1.2-Daños en los bosques naturales y las áreas silvestres protegidas.

Los parques nacionales Chagres, Soberanía y Camino de Cruces, el Parque Natural Metropolitano, el Jardín Botánico Summit, el Cerro Ancón y el Humedal de Pacora, unidos a restos de bosques, constituyen un excelente sistema ecológico que contribuye a la preservación del ambiente en Panamá Metro. No obstante, el impacto de diversos agentes interfiere el desarrollo de esta acción benéfica.

Uno de los bosques más perjudicados por los cambios ha sido la asociación de árboles de Rhizophora mangle en las costas, causada por la tala, la expansión industrial y, sobre todo por los rellenos destinados a urbanizaciones. En efecto, en 1992 la ANAM midió 37.7 km2 de tierras cubiertas por manglares en el distrito de Panamá, mientras que, en 2000, la  superficie ocupada por éstos había descendido a 28.0 km2. La continuación de estas operaciones en años posteriores indica que la destrucción de manglares ha proseguido.

Matorrales, bosques secundarios y ecosistemas protegidos sufren también diversos daños, entre los cuales están los causados por los incendios. Éstos se suscitan con más frecuencia en estación seca, sobre todo durante las ocurrencias de El Niño, y son provocados por cazadores, excursionistas, agricultores, ganaderos, fumadores y, en forma deliberada, por vándalos y delincuentes.

Las áreas más frecuentemente afectadas por incendios  forestales  son  los  corregimientos  de  San
Martín y Pedregal, lo mismo que los parques Chagres, Soberanía, Camino de Cruces y Natural Metropolitano. Durante El Niño de 1998 se quemaron 1,243.5 hectáreas de bosques en los mencionados parques y en otras áreas, 504.0 de las cuales correspondieron a bosques naturales primarios y secundarios.

En 2005, se produjeron seis incendios forestales en Panamá Metro, los cuales se derivaron de fuegos de herbazales. Más recientemente, el 4 de marzo de 2006 ardió un alto matorral cerca de la Universidad Tecnológica, contiguo a tres líneas de 115 voltios de una empresa eléctrica, hecho que ha sido denunciado como probable causa del colapso de todo el sistema eléctrico nacional de ese día que dejó a gran parte del país sin electricidad.

Con posterioridad, el 13 de marzo de 2006, ocurrieron fuegos en los bosques de la antigua base militar de Clayton, cerca del Estadio Nacional y en el Parque Nacional Camino de Cruces, los cuales consumieron 400 hectáreas de vegetación.  Las causas de esos desastres fueron asignadas tanto a combustiones espontáneas como al arrojo de colillas encendidas de cigarrillos.

Los bosques y las poblaciones de animales de  las áreas silvestres protegidas de Panamá Metro también reciben el impacto de obras públicas y privadas que se levantan sobre sus tierras, en muchos casos con aprobación oficial. Ejemplos de estas construcciones son la Avenida Juan Pablo II que fragmentó en dos secciones al Parque Natural Metropolitano y el Corredor Norte que creó problemas diversos en este mismo parque y, en menor escala, en el de Camino de Cruces. Una de las zonas del Parque Metropolitano que quedó aislada del resto fue la correspondiente al cauce, tierras aluviales y bosque galería del río Curundú. Ello hizo difícil la obtención de agua y alimento por los animales.

Más recientemente, en 2005, sobrevino el desarrollo del proyecto de urbanización “Los Senderos del Camino de Cruces” que puso en peligro a una porción de bosque del parque del mismo nombre y a la calzada colonial que articulaba tanto a Panamá La Vieja como a la nueva ciudad con el  desaparecidopuerto fluvial de Cruces. Finalmente, los caminos de acceso al nuevo puente sobre el Canal, se han construido en detrimento de esta última área silvestre protegida.

Las vías que atraviesan parques son causantes de grandes mortandades de mamíferos, reptiles y anfibios causadas por los vehículos a motor. Este atentado a la fauna silvestre es complementado por el que realizan los cazadores furtivos y los vándalos que matan a los animales sólo por diversión. Las defo-restaciones hechas por las grandes vías rápidas llamadas corredores, fomentan el crecimiento de hierbas pirófilas, las que facilitan la propagación de los incendios en detrimento de las masas boscosas.


1.3-Desequilibrios en los ecosistemas urbanos y periurbanos.

Han sido causa de la simplificación de los ecosistemas urbanos los diferentes tipos de contaminación, el crecimiento del tráfico vehicular, los incendios de bosques, matorrales y herbazales, la proliferación de edificaciones y la construcción de grandes obras de infraestructura.

1.3.1-Reducción de poblaciones de animales y plantas.

La proliferación de edificaciones en orden denso y de gran altura obstruye los vuelos de las aves y reduce los espacios costeros, lo mismo que la cantidad de lotes vacíos, jardines, parques y arboledas. Al sumarse   la   creciente   contaminación      a   estos trastornos, desaparecen tanto hábitats como importantes eslabones de la cadena alimenticia. Al reducirse la cantidad de aves y pequeños mamíferos del ecosistema urbano, se afectan, por otra parte, los procesos de dispersión de semillas.

El tráfico vehicular impide los desplazamientos de gran cantidad de animales. A falta de túneles especiales bajo las autopistas y los corredores, muchos mueren golpeados o aplastados por los automóviles. La ausencia de pasadizos colgantes hace que otros animales tales como perezosos, ardillas y monos caminen por los cables del tendido eléctrico, situación que a veces les provoca la muerte o causa daños en las líneas de distribución. Los mapaches de punta Paitilla que se han adaptado a un hábitat urbanizado han sido víctimas de la colocación de comidas envenenadas.

La contaminación de las aguas ha extinguido la mayor parte de las comunidades de animales de los cursos inferiores de los ríos en la parte totalmente urbanizada de Panamá Metro, entre ellas, a varias especies consumidoras de mosquitos y larvas. En los cursos donde subsiste algo de ictiofauna, éstos sólo albergan pececitos de la familia Poeciliidae, una de las más tolerantes al agua contaminada.

El agotamiento de muchas fuentes de alimentos no sólo tiene repercusiones ecológicas sino también económicas. Así, comunidades de pescadores de la ciudad  de  Panamá  han  sido  afectadas  por  el
descenso de la productividad de ciertos bancos de peces y por la contaminación de la costa sumergida. En tanto, otras poblaciones han dejado de beneficiarse de las frutas silvestres que antaño abund- aban en la periferia de la ciudad tales como mamones, frutas de mono, jobos, cañafístulas, algarrobas, guabas, membrillos y otras más. La caza de iguanas fue prohibida desde 1967 y así, como consecuencia de la depredación, se perdió el acceso a otra fuente silvestre de alimentos.

Una de las especies antaño abundantes en la ciudad, Progne chalybea (golondrina), en efecto, ha experimentado una reducción de sus poblaciones. Ello va en detrimento del equilibrio y del control natural de mosquitos y otras plagas, ya que esta ave, al igual que otras de los ecosistemas urbanos, es una voraz insectívora. La reducción de las poblaciones de aves nativas silvestres en los ecosistemas urbanos de Panamá afecta también a los procesos de dispersión de semillas y al turismo, ya que la observación de pájaros es una actividad gustada por los visitantes.

1.3.2-Crecimiento desmedido de poblaciones de animales.

Algunas pocas especies se adaptan a los cambios y sacan provecho de ellos, multiplicándose en forma excesiva. Este es el caso de la proliferación de Columba livia (paloma de Castilla) y de Quiscalus mexicanus (talingo o chango) en los ecosistemas urbanos de Panamá Metro.

Esta exótica paloma era originalmente doméstica, pero se ha tornado silvestre y numerosa en barrios de casas adosadas, creando el problema de la contami- nación por excrementos transmisores de histoplas- mosis. El llamado talingo es nativo y silvestre, pero su superpoblación es considerada actualmente como una plaga. Este pájaro ensucia con sus grandes cantidades de excrementos, mata a aves adultas de otras especies, les come sus huevos y pichones, dis- persa basuras, roba alimentos servidos en los restaurantes y es agresivo durante el período de celo.

La multiplicación de perros y gatos, tanto de los mantenidos en casas como de los callejeros, también suscita problemas diversos. Los perros hospedan garrapatas y ambas especies acogen pulgas. Estas últimas, que también se hospedan en ratas, transmiten la peste bubónica, enfermedad erradicada en Panamá, pero que es prevalente en varias regiones de América.

La caspa de los perros y las proteínas de la saliva de los gatos causan asmas. Por medio de los excrementos de estos últimos, se transmite el agente infeccioso de la toxoplasmosis. Las aves tenidas como mascotas al interior de las viviendas, por otra parte, pueden transmitir  psitacosis.

La primera de estas patologías está ampliamente distribuida y es producida por Toxoplasma gondii, un protozoo intracelular que se aloja en los gatos. Se adquiere al tragar tierra y carnes contaminadas o al
entrar en contacto directo con secreciones y excrementos de gatos. También se transmite de la madre al feto. La toxoplasmosis adquirida suele ser benigna, pero la congénita es muy grave para el feto. La psitacosis, en cambio, es un mal poco extendido.

Muchos dueños de perros encerrados en viviendas chicas y apartamentos acostumbran conducir sus canes a excretar en parques, jardines, calles, aceras o partes frontales de residencias y negocios, contribuyendo así con la suciedad, la generación de malos olores, la insalubridad y la inseguridad física de la población. En efecto muchos perros sueltos son agresivos; hieren con sus mordidas a otros perros, lo mismo que a transeúntes, especialmente a ciclistas, motociclistas y niños.

Aunque los gatos callejeros colaboran con el control de ratas y ratones, también cazan aves silvestres y pequeños reptiles. En las áreas rurales de Panamá Metro, los perros matan mamíferos y reptiles silvestres y son empleados por los cazadores furtivos para atentar contra la integridad de los ecosistemas. Por otra parte, la proliferación de gallineros en la periferia de la aglomeración ha tornado problemático el manejo de los excrementos de aves, el control de la histoplasmosis y la prevención de una eventual epidemia de gripe de las aves, enfermedad a la que son muy vulnerables gallinas y pavos.

Esta última se conoce desde hace un siglo, pero la causada por las cepas A, entre ellas la conocida como H5N1, es altamente peligrosa ya que tiene capacidad para mutar rápidamente y adquirir genes de virus que afectan a otras especies de animales, incluyendo al hombre. Una epidemia producida por dicha cepa es una gran amenaza para la salud mundial desde 1997. Casos recientes de muertes de aves silvestres en América a causa de esta enfermedad han hecho que los gobiernos del continente hayan tomado medidas especiales de prevención en 2005 y 2006.

1.3.3-Introducción de especies exóticas.

Otro agente de alteración de los ecosistemas urbanos y periurbanos de Panamá Metro ha sido la introducción deliberada o accidental de especies exóticas de animales o vegetales, de efectos diversos en los ecosistemas.

Desde los tiempos coloniales comenzaron a llegar a la ciudad de Panamá animales exóticos, muchos de los cuales fueron incorporados a los sistemas de producción. Otros, sin embargo, como las ratas y las cucarachas, no vinieron a ser más que sabandijas molestosas. La deforestación y la urbanización de los tiempos modernos ahuyentaron a las serpientes, búhos, arácnidos, aves insectívoras y otros de los numerosos predadores de alimañas. Por esta razón, estas últimas se transformaron en plagas transmisoras de enfermedades, devastadoras de bienes domésticos y destructoras de las instalaciones eléctricas, así como de varias propiedades públicas.

En tiempos modernos, nuevas especies exóticas han llegado a Panamá Metro procedentes de diferentes regiones y por vías diversificadas. Sus arribos, en algunos casos, no han dejado de tener impactos positivos, pero los efectos han sido generalmente adversos.

Uno de esos casos estuvo representado por la llegada de Hemydactilus frenatus (gecko cantador), proveniente de Java, posiblemente a través de barcos. Fue una incorporación beneficiosa para los ecosistemas urbanos cargados de insectos nocivos en las residencias, ya que este reptil se alimenta de ellos. Sin embargo, él ahuyenta a lagartijas nativas que se habían incorporado al ecosistema y puede hacerse silvestre en los medios naturales.

Otro caso conocido es el de Chicla ocelaris (sargento), pez amazónico introducido deliberadamente, el cual devoró a grandes poblaciones de peces nativos de ríos y lagos de la cuenca del río Chagres y de otros medios acuáticos, incluyendo la laguna de Cerro Azul (Wynter, D’Croz y Goodyear 1979). Su voracidad causó la eliminación de la sardina Melaneris chagresi del lago Gatún. Aunque el sargento es actualmente consumido como alimento, no deja de ser cierto que su introducción desequilibró el ecosistema y redujo la diversidad de la pesca de agua dulce en la región.

A principios de los años ochenta del siglo XX, arribó a Panamá Metro, procedente de América del Sur Apis mellifera adansonii, (abeja africanizada). Esta especie, derivada de abejas llevadas al Brasil desde África en 1956, se hizo rápidamente silvestre, se multiplicó y se expandió por toda América. Actualmente, forma parte de la fauna silvestre de Panamá Metro, donde acostumbra fabricar panales en jardines, postes de electricidad, residencias, escuelas, coliseos deportivos y otros tipos de construcciones. Revolotea frecuentemente en torno a focos de luz artificial en las noches.

Es prolífica y no se enfrenta a los numerosos enemigos naturales   que   tiene   en   África,   razón   por   la
 que se multiplica sin control. Además, es sumamente agresiva y tiene una picadura altamente venenosa. Constituye hoy una de las amenazas biológicas que se ciernen sobre los habitantes de la ciudad.

En los hábitats de aguas tranquilas, generalmente creados por represas y otras infraestructuras que obstruyen la circulación fluvial también existen los problemas creados por Hydrilla verticillata, una maleza acuática de origen asiático que se introdujo accidentalmente en el Canal de Panamá. Junto a malezas flotantes nativas tales como Pistia stratiotis (lechuga de agua) y Eichornia sp. (jacinto de agua), reduce el oxígeno disuelto, disminuye la capacidad de embalse, obstaculiza la navegación y fomenta la reproducción de mosquitos.

Sin embargo, la especie exótica que más problemas ha creado en los ecosistemas de Panamá Metro es Saccharum spontaneum (paja canalera). Esta hierba fue traída de Viet Nam por la administración norteamericana del Canal, dada su capacidad para controlar la erosión. Sin embargo, no se reconoció oportunamente que ella es pirófila, inútil para otros fines, sumamente agresiva y difícil de eliminar mediante  técnicas  mecánicas.

Gracias a la eficiente diseminación aérea de sus semillas, invade rápidamente los campos quemados. Al crecer en ellos y ocuparlos en forma densa, impide el desarrollo de las otras plantas, constituyendo así una eficiente propagadora del fuego, a la vez que un freno poderoso a la regeneración de bosques que han sido afectados por incendios. Su crecimiento sobre las vías férreas es un problema para el rodaje de la maquinaria.

Sin embargo, es susceptible a la penumbra, razón por la que la reforestación es un eficaz recurso para combatirla. No obstante, grandes extensiones de la periferia de la aglomeración de Panamá están cubiertas por esta plaga de difícil control.

Los sistemas de drenaje deficientes, las azoteas planas que acumulan aguas, las piscinas, fuentes y albercas abandonadas, los recipientes domésticos y los objetos en los patios que acumulan aguas limpias de lluvia, son medios excelentes para la cría de Aedes aegypti, mosquito exótico que causó mortandades en tiempos de la construcción del Canal.

Aedes aegypti, mosquito transmisor del dengue clásico, el dengue hemorrágico y la fiebre amarilla.
Él fue erradicado del país en varias ocasiones, pero regresó en 1984 y permanece hasta el momento en Panamá Metro, especialmente en los medios más urbanizados. Transmite la fiebre amarilla, enfermedad prevalente en África, y los dos tipos de dengue: el clásico y el hemorrágico. El primero de estos últimos es incapacitante y, el segundo, altamente letal.

Los resultados de una encuesta larvaria hecha en Panamá y San Miguelito en julio de 1992 por el Ministerio de Salud revelaron que, en siete  de los corregimientos de estos distritos, 4% y más de las viviendas tenían este mosquito. Los índices eran 12.7% en Victoriano Lorenzo, 9.4% en Juan Díaz, 7.1% en Parque Lefevre, 4.9% en Pueblo Nuevo, 4.2% en Betania, 4.1% en Mateo Iturralde y 4% en Río Abajo. A pesar de las medidas que se toman para reducir estos índices de infestación, ellos se mantenían en 1.9% en los principios 2006.

A mediados de ese año, la lucha contra la multiplicación del vector no había logrado mayores logros. Según información del Ministerio de Salud, el porcentaje de viviendas infestadas por este insecto en la primera semana de julio de 2006 era de 4.3% en el distrito de San Miguelito. Ese indicador ascendía a 13.9% en el corregimiento de Betania, a 10.3% en el de Juan Díaz, a 9.6% en el de Río Abajo, a 8.8 %, en el de San Francisco y a 7.4% en Bella Vista.

1.3.4-Proliferación de vectores nativos. 

 Alteraciones de los ecosistemas urbanos y periurbanos que incrementan las poblaciones de animales tienen notable  impacto  en  la  multiplicación  de vectores nativos. El fenómeno favorece la incidencia o al riesgo de brotes de enfermedades infecciosas transmitidas por artrópodos. Entre esas patologías están la malaria, la tripanosomiasis americana, la encefalitis equina vene- zolana y la leishmaniasis.

La deforestación, la formación de embalses y el consiguiente crecimiento en ellos de malezas acuáticas tales como Hydrilla verticillata fomenta el calentamiento de las aguas y su estancamiento, condiciones favorables para la reproducción de Anopheles albimanus y A. punctimacula, transmisores de la malaria, una enfermedad que casi no registra casos en Panamá Metro, pero sí en otras regiones del país.

En aguas tranquilas de embalses colonizadas por Pistia stratiotes (lechuga de agua), se cría el mosquito Culex occosa, vector de la encefalitis equina venezolana. Esta es una afección del sistema nervioso central pro- ducida por un virus que ataca a caballos, mulos y asnos, produciéndoles la muerte.

Rhodnius pallescens (izquierda) y Triatioma dimidiata (derecha), chinches vectores del mal de chagas.El mal también es adquirido por el hombre y, aunque la letalidad es baja en él, la enfermedad le hace padecer fiebres, cefaleas, fotofobias y vómitos. En esta maleza acuática también se cría el tábano Lepiselga crassipes, causante de mordeduras dolorosas y transmisor de enfermedades en el ganado.

En las tierras bajas de Chilibre y Las Cumbres, ambientes rurales o semi rurales enriquecidos con palmas, dotados de chozas y otras viviendas, suelen fomentar la proliferación de vectores. Esta situación se complica si las casas están próximas a gallineros y a nidos hechos en Scheela zonensis (palma real) por Didelphys marsupiales (zorra) y otros mamíferos, ya que dichos nidos acogen a chinches de la subfamilia Triatomenae. Ellos transmiten la enfermedad de chagas, causada por el parásito sanguíneo Trypanosoma cruzi. En esos corregimientos se han encontrado los dos principales chinches vectores del mal, los cuales pertenecen a esta subfamilia: Rhodnius pallescens y Triatoma dimidiata (Adames 1997).

Las mosquitas del género Lutzomyia se crían en ambientes húmedos, oscuros y ricos en materia orgánica, tanto de los bosques como de las áreas rurales. Teniendo como reservorios a los perezosos y a otros animales silvestres, transmiten la leishmaniasis, enfermedad que consiste en lesiones de la piel y de las membranas mucosas.

Sin embargo, como otro importante reservorio de este mal es el perro doméstico, la enfermedad es endémica en las áreas rurales del país y tiene cierta incidencia en los sectores de Chilibre y Las Cumbres del distrito de Panamá.


2-Impactos en la calidad de vida.

El concepto de calidad de vida surgió en la segunda mitad del siglo XX como una reacción a los criterios
cuantitativos con los que se describían los temas sociales en los informes económicos. Aunque muchos autores la consideran un concepto subjetivo, se asocia comúnmente a la noción de bienestar general, social, físico y mental. Por tanto, abarca aspectos ambientales como la vivienda y el acceso a servicios básicos de agua, instalaciones sanitarias, electricidad, transporte y cultura.

2.1-Calidad del espacio construido.

Las condiciones de la vivienda y de los espacios urbanos donde trabaja y se mueve la población son indicativas del grado de bienestar, comodidad y satisfacción que puedan tener los habitantes de una ciudad.

2.1.1-Problemas de la calidad de la vivienda y del espacio público residencial.

El estado generalmente aceptable de las estructuras habitadas en Panamá Metro es un fenómeno reciente. En 1960, sólo 22.1% de las viviendas de lo que se consideraba la ciudad de Panamá era de tipo individual y 23.2% consistía en apartamientos. Los cuartos de vecindad sumaban 32,437, componían 54.5% del total de las viviendas y acogían al 49.2 % de los moradores de la urbe.

Las casas de vecindad son inmuebles divididos en cuartos pequeños de alquiler que poseen entradas, servicios sanitarios y baños colectivos. Construidas generalmente de madera a principios del siglo XX o antes, constituyen ambientes de incomodidad y hacinamiento, muy vulnerables a desastres, sobre todo a incendios.

La incapacidad de estas estructuras residenciales para acoger más población y mantener la existente fue una de las bases del gran movimiento popular de creación de asentamientos espontáneos de casas improvisadas que, en la segunda mitad del siglo XX, dio nueva orientación a un mismo problema.

No obstante, procesos de urbanización modernos han sustituido a gran cantidad de casas de cuartos de inquilinato y, a la vez, reducido el número de viviendas improvisadas, armadas por precaristas. Esos movimientos han reflejado un gran interés de las familias en mejorar la calidad de los entornos hogareños, proporcionando al mismo tiempo seguridad física y económica a las familias. Desde que se consagraron los derechos sociales a mediados del siglo XX, el Estado ha apoyado a esta transformación.

Por ello, la estructura del espacio construido para vivienda en 2000 reflejaba progresos respecto a coyunturas anteriores, ya que 67.4% del total consistía en residencias de tipo individual permanente y 21.1%, en apartamientos.

Los cuartos en casas de vecindad se habían reducido a 25,015 en la región, sólo representaban 12.1% del total de viviendas y alojaban a 6.9 % de la población. El 4.6 % restante estaba compuesto por viviendas individuales semi-permanentes o improvisadas y, en menor cantidad, por viviendas colectivas. Sólo se empadronaron 577 personas sin vivienda y damnificados.

Este proceso de renovación y progreso habitacional hacía que, en 2000, 22.7% de las viviendas que tenían fecha de construcción conocida, tuviesen diez años o menos de haber sido edificadas. En otros aspectos relacionados con la calidad del hábitat humano, las mejoras también se hacían evidentes. Así, mientras que en 1960 sólo 22.4 % de las viviendas de la ciudad de Panamá eran propiedad de sus ocupantes, ese porcentaje había ascendido a 52.4 en 2000.

 Como expresión adicional de los niveles de calidad de las viviendas logrados en Panamá Metro, el último censo demostró que sólo 1.0% de las casas carecía de agua potable, 1.3% no tenía servicio sanitario, 1.9% estaba desprovisto de luz eléctrica y que en 1.0 % se cocinaba con combustibles altamente contaminantes como la leña y el carbón.

Un problema social y ambiental típico de la actual coyuntura es la cantidad de indigentes sin viviendas que deambulan por las calles de la aglomeración. Ellos atentan contra las salud, la seguridad, la tranquilidad y el ornato públicos, ya que, usualmente, son víctimas del alcoholismo y la drogadicción, razón por la que se les conoce con el nombre de “piedreros” o consumidores de “piedra”,

La mayor parte de los casos de viviendas con estas grandes limitaciones provenía de  pequeños asentamientos de precaristas de los corregimientos de Curundú, Las Cumbres y Tocumen y de comunidades rurales pobres de Chilibre, Pacora y San Martín, lugares donde surgieron otros asentamientos espontáneos después del censo de 2000.

En tierras estatales próximas al aeropuerto de Calzada Larga pertenecientes a la Dirección de Aeronáutica Civil, en efecto, apareció en febrero de 2002 una barriada de ese tipo, formada inicialmente por 100 familias, que se llamó San Antonio 2. En 2004, las tierras pasaron a la Reforma Agraria, institución que decidió venderlas a los vecinos del nuevo asentamiento. En 2006, la Dirección de Asentamientos Informales del Ministerio de la Vivienda y el Banco Hipotecario atendían solicitudes de legalización de 600 invasores.

Un problema social y ambiental típico de la actual coyuntura es la cantidad de indigentes sin viviendas que deambulan por las calles de la aglomeración. Ellos atentan contra las salud, la seguridad, la tranquilidad y el ornato públicos, ya que, usualmente, son víctimas del alcoholismo y la drogadicción, razón por la que se les conoce con el nombre de “piedreros” o consumidores de “piedra”,

La localización y la calidad de las viviendas influyen poderosamente en la capacidad del sector público para atender las necesidades colectivas de las poblaciones mediante servicios que deben ser ofrecidos o regulados por el Estado.

En las circunscripciones periféricas y rurales pobres de Panamá Metro buena parte de las viviendas se han construido y se construyen en zonas distantes de los diferentes centros de negocios de la aglomeración, al igual que en sitios expuestos a diferentes tipos de riesgos tales como deslizamientos de tierra, inundaciones, incendios de herbazales y, como en el caso de Calzada Larga, a accidentes de aviación.

El alejamiento de los centros de negocios y los lugares de trabajo, lo mismo que los altos niveles topográficos en que se ubican muchas de las casas, han dificultado el acceso de los hogares a los beneficios de servicios tales como la distribución de agua potable, la recolección de desechos, el alcantarillado y el transporte público.

A su vez, las instituciones públicas o privadas responsables de suministrar dichos servicios tropiezan con el problema de la escasez de recursos para extenderlos a sitios alejados que han usualmente crecido de manera caótica y descontrolada. Estos problemas neutralizan un tanto los avances en saneamiento urbano logrados ya que, condicionada por  ciertas  deficiencias  y  la   falta   de educación ambiental, la población recurre a prácticas nocivas para el equilibrio del medio.

En los primeros meses de 2006, el arribo del agua potable a ciertos sectores de Panamá Metro hizo crisis, lo que llevó al Instituto Nacional de Acueductos y Alcantarillados Nacionales a reconocer que la producción de agua potable para la  ciudad tenía un déficit de 7,570 m3 diarios y que un estimado de 200,000 personas se quedaba diariamente sin agua.

Sin embargo, además del aumento de las necesidades, median problemas de distribución y de consumo. Así, de los 473,125 m3 de agua potable que diariamente producía la planta de Chilibre antes de su ampliación, 123,012.5 m3 se perdían por causa de fisuras y fugas en las líneas subterráneas. Adicionalmente, hay morosidad, conexiones clandestinas, escasez de medidores y mucho despilfarro familiar. En efecto, en los hogares hay escapes, derrames frecuentes y usos inadecuados tales como el regadío de jardines y el lavado de pavimentos con mangueras.

Los problemas de la morosidad y las conexiones clandestinas no provienen sólo de sectores de bajos recursos. En abril de 2006, la Ciudad del Saber fue forzada por el IDAAN a pagar deudas retrasadas mediante aviso de corte del suministro y, simultáneamente, la institución interrumpió el flujo ilegal de  agua potable a  cinco empresas constructoras de Punta Pacífica y a 89 residencias de lujo de las urba-nizaciones Palmeras del Este, Balmoral, Varanda y Magnolia en Costa del Este.

Como consecuencia de todos estos problemas el suministro de agua se hizo crítico en ciertos barrios. En Altos de la Torre, Mirador, Pacho Alemán, Cerro Batea, Arnulfo Arias, Valle de Urracá y Cerro Cocobolo, distrito de San Miguelito, el agua no sube a viviendas instaladas en colinas, donde los terrenos invadidos son de propiedad privada.

Sin este recurso también han estado muchas vivien- das de San Vicente y El Milagro en Chilibre; de Villa Acuario, El Chungal y María Luisa de Las Cumbres, al igual que muchas barriadas de las llanuras del este tales como San Martín de Pedregal, Dieciocho de Abril, Rana de Oro, La Paz, el Porvenir, La Esperanza, Naranjal, Trapichito y Cacao. En partes altas de los sectores residenciales de Betania, Hato Pintado y Las Cumbres, el servicio de agua ha sido irregular.

Durante la emergencia, IDAAN contrató 22 camiones cisterna para resolver estos problemas, lo que  representó  erogaciones  por   el   orden   de B/ 2,000,000 anuales. Sin embargo, esta distribución es difícil, no satisface a todos por igual y, por otra parte, las familias almacenan el líquido en tanques domésticos, exponiéndolo a contaminaciones.

A principios de agosto de 2006, poco tiempo antes de la inauguración de un nuevo servicio de conducción de agua potable, estallaban movimientos callejeros de protesta por la falta del recurso en comunidades tales como Colinas de Las Cumbres, mientras que en Villa Acuario los vecinos decidían por sí mismos cerrar válvulas del sistema para abaste- cerse de líquido, en detrimento de otros.

Las distancias a Cerro Patacón, la inaccesibilidad de muchas viviendas y la falta de educación ambiental han dado lugar a la creación de vertederos y crematorios espontáneos de desechos y al uso de las alcantarillas y los cauces de los ríos como basureros. En los corregimientos de Alcalde Díaz, Chilibre y Pacora, según el Municipio de Panamá, hay hasta seis vertederos clandestinos de carácter espontáneo.

Simultáneamente a la crisis de la distribución del agua potable, ha estallado en Panamá Metro el agudo problema de las deficiencias del  alcantarillado,  en los lugares donde este servicio técnico existe. Los reportes de daños en el sistema que eran de 15 a 20 por día en los primeros meses de 2006 subieron a 100, según el IDAAN con el inicio del primer período de máxima precipitación de ese año. En sectores como Cabo Verde de Curundú, los derrames de aguas negras han afectado a apartamientos de edificios populares y dado pie a manifestaciones públicas de protesta.

El problema se debe a la vejez e insuficiencia técnica de muchos sectores de la red de alcantarilla- do. Sin embargo, también son altamente influyentes en estos casos la ausencia de hábitos de vida sostenible entre la población y la irresponsabilidad de muchas empresas. En efecto, al atender los frecuentes casos  de alcantarillas colapsadas,  los trabajadores encargados de las reparaciones encuen- tran trapos, enseres domésticos, animales domésticos muertos, grasa solidificada, desechos cárnicos de fábricas y toda clase de desperdicios.

En mayo de 2007, las precipitaciones torrenciales de inicio de la estación lluviosa provocaron el anegamiento de 9 casas en la barriada Nueve de Enero de San Miguelito y la incomunicación de 10,000 personas en sectores colindantes. El motivo principal del problema fue la obstrucción con basu-ras de una tubería de dos metros de diámetro. Después  de  muchos  días  de  arduos  trabajos  de excavación y drenaje, las aguas descendieron, pero dejando olores pestilentes, numerosos enseres dañados y nueve casas inutilizadas, tanto por la inundación como por las excavaciones destinadas a solucionar el problema.

Entre los asentamientos recientemente establecidos, hay urbanizaciones planificadas, pero además de confrontar en alguna medida los problemas arriba enumerados, ellas suelen encontrarse con el de las insuficiencias del alcantarillado. Para evacuar excretas y aguas negras, por tanto, en las nuevas urbanizaciones se recurre frecuentemente al uso de tanques sépticos, de tanques imhoff y, recientemente, a algunas plantas de tratamiento de aguas. El problema que crean esas soluciones técnicas es que, a causa de eventuales deterioros y malos manejos de los equipos, se producen derrames contaminantes y olores molestosos.

Los vecinos de Altos de Cerro Viento, distrito de San Miguelito, se quejan de las insuficiencias de la planta de  tratamiento  de  aguas servidas de  la barriada Brisas del Golf y de que dichas aguas, el verterse a la quebrada Espavé, afluente del río Juan Díaz, provocan contaminación de las aguas y malos olores.

En otros casos, el crecimiento económico y la urbanización descontrolada transforman a antiguas áreas residenciales en sectores con calidad de vida desmejorada. Ese es el caso del antiguo barrio humilde de Boca la Caja en San Francisco que quedó encerrado entre bloques de altos condominios y las estructuras del Corredor Sur.

También es el de Diablo, cerca del acceso sur del Canal de Panamá, donde el entorno residencial ha sido alterado por la expansión del puerto de Balboa, las actividades del moderno ferrocarril transístmico y el funcionamiento de una planta procesadora de mariscos.

Los barrios residenciales populares no son los únicos que se inadaptan a las condiciones ambientales. Así, proyectos llamados a ser ejemplos de dispendioso urbanismo moderno son ahora criticados por sus deficiencias, tanto por especialistas como por legos. En el último tercio del siglo XX, surgió un área exclusiva en Punta Paitilla, en detrimento de un antiguo bosque secundario caducifolio, antes ocupado por una base militar norteamericana.

Ella es una controvertida urbanización residencial moderna, erizada de torres de cemento, vidrio y acero que no han cesado de levantarse, recorrida por calles estrechas y curvas, con pocos accesos a vías principales. La urbanización contiene pocas áreas verdes y está rodeada de medios costeros totalmente perturbados, uno de los cuales es el contaminado y fétido estuario del río Matasnillo. En esta urba-nización, la amplitud y comodidad de los apartamientos contrastan con las serias limitaciones del espacio residencial en el que ellos se localizan.

2.1.2-Deterioro del patrimonio histórico y urbanístico.

Barrios de la ciudad abandonados por muchas familias a causa de sus deterioros físicos, sociales y ambientales fueron los del centro histórico y sus viejas periferias que evolucionaron entre 1673 y 1903. Sin embargo, la ciudad fue fundada en 1519 y, por tanto, poseyó un centro más antiguo que estuvo enlazado a estructuras periféricas. El desplazamiento de la población del segundo centro histórico y el crecimiento de la urbe en dirección Este dieron lugar a una superposición de espacios nuevos sobre conjuntos antiguos.

En los siglos XVIII y XIX hubo devastaciones producidas por los numerosos incendios que afectaron a Panamá la Nueva y, en adición, muchas irrespons- abilidades humanas del siglo XX conspiraron contra el patrimonio histórico. Pese a todo, Panamá Metro dispone en el presente de dos grandes conjuntos mon- umentales históricos y de una serie de estructuras dis- persas que resultan ser importantes por su antigüedad o por su valor patrimonial, artístico y   ambiental.

El sitio de Panamá Viejo guarda bajo tierra abundantes restos culturales de un antiguo asentamiento indígena y conserva las ruinas del primer centro activo de la ciudad de Panamá que fue abandonado en 1673, después de su incendio y saqueo. Se aprecian en él los restos de 18 significativas construcciones de piedra del siglo XVII y objetos custodiados en un museo. Entre las edificaciones más admiradas están la Catedral, el Convento de las Monjas de la Concepción y el Puente del Rey.

El recinto es también un cómodo espacio para la observación de paisajes, aves marinas y especies del ecosistema urbano de la periferia antigua de la ciudad.

A pesar de su inconmensurable valor histórico y turístico, este sitio estuvo por siglos abandonado, cubierto por el bosque caducifolio. A mediados del siglo XX, fue invadido por precaristas, los cuales ocuparon todas las áreas de los antiguos arrabales y se metieron incluso en las ruinas del centro de la antigua ciudad. El deterioro de la cuenca del Río Abajo y los concomitantes problemas de crecidas, aumento de la carga sólida y transporte de basuras han amenazado la estabilidad del Puente del Rey.

Las inmediaciones del sitio histórico acogieron en el pasado reciente a un polvorín, un crematorio, talleres, terminales de autobuses y otras instalaciones. Frente a la catedral se erigió un cuartel militar de pésimo gusto arquitectónico, cerca del cual hubo combates durante la invasión de norteamericana de diciembre de 1989. A mediados del siglo XX, por otra parte, todo el conjunto monumental fue atravesado por una carretera de hormigón que es, hasta el momento, intensamente recor- rida. En 1998, frente a sus playas, se construyeron las grandes estructuras marinas del llamado Corredor Sur. El recinto  amurallado  de  intramuros  que  se  inauguró en 1673 como centro de Panamá la Nueva y que es llamado hoy el Casco Viejo, nunca fue afectado por combates militares ni motines, gracias a sus inexpugnables defensas. No obstante, fue dañado por destructivos incendios en 1737, 1756, 1781 y por otros seis siniestros más en el siglo XIX, en la era del consumo doméstico de los comestibles derivados del petróleo.

En 1856, por causa de una mal entendida modernización, la mayor parte de sus imponentes murallas del sector de tierra fueron derribadas. En 1882, el edificio del ayuntamiento y otras estructuras colapsaron debido al terremoto de ese año. Luego, a principios del siglo XX, se instaló sobre un sector de la antigua muralla una contaminante planta termoeléctrica.

A pesar de todo, el barrio conserva un plano y un tejido urbano antiguos; monumentos religiosos, civiles y militares de los siglos XVII y XVIII; arquitectura civil francesa del siglo XIX, el medújar o morisco Palacio de las Garzas, neoclásicas edificaciones de inspiración italiana de principios del siglo XX y algunos ejemplos de “art noveau” y de “art deco”.

Hay, además, un sitio de gran trascendencia panamericana como es la sala en la que se celebró el Congreso Anfictiónico de 1826 por convocatoria del Libertador Simón Bolívar. Los fragmentos de la mura-lla de mar que todavía perduran son un mirador de paisajes y colindan con ecosistemas costeros de arena y roca que merecen la puesta en marcha de un programa de regeneración.

Como las clases sociales alta y media emigraron del barrio en los dos primeros tercios del siglo XX, muchas casas fueron dejadas en abandono, condenadas por las oficinas de seguridad y, luego de ello, reocupadas por precaristas y  damnificados. Según el censo de 2000, sólo 61 de las 2,172 viviendas de San Felipe eran habitadas por sus dueños, llegando las condenadas a representar 43.4
% del total.

A pesar del éxito de muchas iniciativas de conservación y restauración de edificios, no son raros los desplomes y otros deterioros, el más espectacular de los cuales fue el del llamado arco chato de las ruinas del convento de Santo Domingo, ocurrido el 7 de noviembre de 2003. El 25 de febrero de 2007, un edificio de 1868 que había sido reparado pocas veces en su historia y era usado como hotal, fue afectado por el desprendimiento de un alero. El accidente produjo la muerte de dos niños y dos adultos, además de herir a tres personas. Por otra parte, en las costas de ambos sitios históricos, como se explicó anteriormente, se localizan algunos de los medios marinos mas contaminados por aguas negras en todo Panamá Metro y el barrio es afectado por molestosos ruidos de vecindario.

Entre otras reliquias históricas de la aglomeración localizadas fuera de los dos principales conjuntos monumentales están la plaza de Santa Ana, los restos de las calzadas empedradas llamadas Camino Real y Camino de Cruces, edificios y monumentos neoclásicos de principios del siglo XX, edificios majestuosos de la antigua Zona del Canal y construcciones y de-coraciones de inicios de la era del modernismo, localizados en los barrios de Santa Ana, La Exposición, Bella Vista y El Cangrejo. Todos estos monumentos requieren atención, mantenimiento y restauración, ya que el urbanismo caótico de los rascacielos exige demolerlos.

2.1.3-Problemas de uso de los espacios colectivos.

Es  evidente  que  el  sistema  de  calles,  avenidas y carreteras de la aglomeración es insuficiente para la gran cantidad de personas que se movilizan en ella diariamente. A pesar de ser un asentamiento con menos tamaño y población que otras urbes latinoamericanas, la aglomeración de Panamá tiene un tráfico vehicular problemático, distinguiéndose por su complejidad y lentitud.

Este problema está fuertemente influido por un espacio geomorfológico de llanuras y lomas costeras generalmente estrecho, limitado al norte  por montañas y colinas.También sigue ejerciendo efectos negativos el modelo longitudinal de crecimiento espacial que la desaparecida Zona del Canal le impuso a la ciudad durante períodos de gran expansión de la misma, al igual que los planos desordenados de muchos barrios.

Como vía continua hacia el norte, la aglomeración sólo dispone de la Carretera Transísmica. Para enlazar al centro con las periferias norte y oriental, sólo están las vías libres de Ricardo J. Alfaro, Simón Bolívar y su prolongación, Domíngo Díaz, Vía España y su continuación José Agustín Arango y la Avenida Balboa, que enlaza con las vías Israel y Cincuentenario.

Sin embargo, pese a la edificación de algunos pasos elevados y de la apertura de los selectivos corredores Norte y Sur, no hay infraestructuras que agilicen la circulación vehicular y se carece de sistemas de transporte masivo y rápido de pasajeros tales como líneas subterráneas o superficiales de metros o monorrieles.

El transporte colectivo circula principalmente por vías longitudinales antiguas y se enfrenta cotidianamente con el problema de los embotellamientos. Los viajes de los usuarios de los vehículos de transporte de pasajeros son demorados, incómodos, fatigantes y, en ocasiones, riesgosos. Los pasajeros, por otra parte, son afectados por la fuerte contaminación atmosférica y acústica que reina en las pocas arterias longitudinales de circulación.

Los defectos y las insuficiencias del espacio construido para vías, asociados a factores tales como la dirección,  intensidad  del tráfico,  el  estado  mecánico de los vehículos, el tiempo meteorológico, las horas del día y la conducta de los que manejan influyen en la frecuencia y gravedad de los accidentes de tránsito

Pese a la construcción de pasos elevados y otras mejoras viales, no hay suficientes infraestructuras que agilicen la circulación de automóviles y pasajeros.

En efecto, de un total de 36,176 accidentes de tránsito vehicular ocurridos en la República de Panamá en 2003, 67.6 % tuvieron lugar en Panamá Metro. Los sectores que más accidentes registraron fueron las avenidas y calles de los corregimientos de Bella Vista, Betania y San Francisco que enlazan a la periferia de la aglomeración con su centro moderno de banca y negocios. En ellas, efectivamente, ocurrió
21.8 % de los accidente de la región, los que con más frecuencia se presentaron en avenidas tales como Ricardo J. Alfaro, España y Balboa.

Sin embargo, uno de los accidentes de tránsito más dramáticos de la larga historia de la ciudad ocurrió en la tarde del 23 de octubre de 2006. En esa ocasión, un ómnibus de la ruta Torrijos Carter- San Miguelito que confrontaba problemas de calentamiento se incendió en pleno centro de la ciudad, en la Vía Martín Sosa que enlaza a los corregimientos de Bella Vista y Betania.

El conductor del vehículo, imprudentemente, mantu- vo a los viajeros en el vehículo y, luego, levantó la tapa del motor por donde se iniciaba el incendio. Al hacerlo, le aportó oxígeno al fuego y le facilitó una rápida propagación hacia el área de los viajeros. Algunos ocupantes del vehículo siniestrado, con mucha dificultad y causándose heridas, lograron romper las ventanas y salir por ellas. Sin embargo, como la unidad de transporte carecía de puerta trasera, de salidas de emergencia, de martillos y de extintores de llamas, 18 personas murieron quemadas, al no poder evacuar el autobús. Otros 25 pasajeros resultaron heridos.

Las investigaciones posteriores revelaron que el conductor tenía un prontuario de 92 boletas por infracciones de tránsito, 10 de las cuales eran por colisión. En los aspectos técnicos, se dijo inicialmente que el incendio había sido generado por un corto circuito, debido a la colocación inadecuada de cables eléctricos. Sin embargo, exámenes más rigurosos hechos con posterioridad permitieron afirmar que al ómnibus se le había retirado el gas refrigerante que usualmente empleaba, sustituyéndolo por otro, que era altamente inflamable.

En las áreas periféricas ocurren menos accidentes que en el centro, pero cantidades importantes de ellos suceden en la Carretera Transístmica Boyd-Roosvelt en los tramos que atraviesan San Miguelito, Las Cumbres  y  Chilibre.  También se  presentan   en  lascarreteras y calles del corregimiento de Juan Díaz. En todos estos sectores periféricos se presentó 15.3 % de los accidentes de Panamá Metro en 2003.

En corregimientos con menor actividad de negocios y alejados de las grandes arterias de circulación intensamente recorridas, tales como Veinticuatro de Diciembre, El Chorrillo, San Felipe y Las Mañanitas, la cantidad de accidentes es de mucho menor significado. Por otra parte, ella es baja en los corredores Norte y Sur, a pesar del intenso tráfico que en ellos se aprecia.

Los accidentes de tránsito de Panamá Metro no sólo ciegan vidas, causan heridos y destruyen la propiedad pública y privada. Ocurre también que el transporte de carga accidentado puede producir derrames de todo tipo, de los cuales uno de los más frecuentes es el de los inflamables y contaminantes hidrocarburos.

Si el espacio construido para circulación de vehículos es insuficiente y anticuado, el destinado al tránsito de peatones adolece de enormes fallas o simplemente no existe en muchos sectores de la aglomeración. Solamente en los barrios antiguos de San Felipe, Santa Ana, El Chorrillo, Calidonia, Bella Vista y en algunas urbanizaciones céntricas que datan mediados en el siglo XX hay sistemas más o menos continuos de aceras para transeúntes. En algunas arterias de significado comercial, como la Avenida Central de Calidonia, las aceras son ocupadas por kioscos de buhoneros o por puestos de exhibición de mercancías de muchos almacenes.

En el resto de la ciudad, cuando existe, el sistema de aceras suele ser desnivelado, de tramos estrechos, discontinuo, invadido por toda clase de obstáculos o ha sido destinado a estacionamientos legales o ilegales de automóviles. El riesgo a atropello que corren los peatones de Panamá Metro es considerable. Según estadísticas de 2003, en Panamá Metro ocurre 50.2 % del total de los atropellos de personas por vehículos. Adicionalmente, mientras en el resto del país los arrollamientos constituyen la segunda causa de muertes y representan 30.8% de las debidas a accidentes de tránsito, en la región son el primer motivo de fallecimientos y determinan 47.7% de los decesos por accidentes de este tipo.

Las vías comerciales reservadas únicamente para peatones son la Avenida Central y la Calle 13 Este o Bajada de Salsipuedes en barrio de Santa Ana. Las únicas veredas continuas, paralelas a avenidas y útiles para el trote son las del malecón de la Avenida Balboa y la de la Calzada de Amador. En la primera de éstas, sin embargo, hay olores molestosos provenientes de las aguas marinas contaminadas y un poco de  inseguridad. La Calzada de Amador,  es segura y está menos contaminada, pero no es accesible para las mayorías. Su aparente tranquilidad es frecuentemente interrumpida por las operaciones de construcción de adefesios y la circulación de camiones pesados que la auxilian.

La escasez de espacios libres, disponibles, baratos, accesibles y aptos para caminar y trotar diariamente contribuye con el fomento de la vida sedentaria de la población, importante factor de riesgo de enfermedades crónico-degenerativas. Esta escasez también repercute en la capacidad de la población para llevar a cabo actividades recreativas sanas, al aire libre, que promuevan el descanso, la interacción social, la cultura y el contacto con el ambiente verde.

Otra limitación de que adolece la ciudad de Panamá, especialmente su centro de banca y negocios es la escasez o total ausencia de inodoros públicos, situación que crea problemas de suciedad y malos olores, luego de desfiles, concentraciones y otros tipos de reuniones que agrupen población.

El urbanismo antiguo de Panamá no manejaba mucho la idea de los parques y, por otro lado, los crecimientos espontáneos no daban cabida a los mismos. Como consecuencia, ellos no abundan en la región y los existentes son, en su mayoría, pequeños y poco funcionales.

Si se excluye al corregimiento de Ancón que es ciudad jardín con intercalaciones de bosque, en el distrito de Panamá sólo hay un parque grande y 139 pequeños, según el registro de la Subgerencia de Planificación y Proyectos del Municipio de Panamá. El grande es el Parque Omar Torrijos Herrera, de 530,000 m2, localizado en el corregimiento de San Francisco. Los pequeños tienen un tamaño promedio de 1,798.8 m2, ya que suman, en conjunto, un total de 250,047.0 m2.

La  falta de espacios adecuados, muchos practican actividades de recreación y deporte en playas contaminadas como las de Casco Viejo de la ciudad de Panamá.

Muchos de esos parques son solares vacíos en una- manzana, playas de estacionamiento, plazas pavimentadas, lotes marginales, campos de juegos mecánicos infantiles, canteras abandonadas o lotes marginales retocados por las promotoras de bienes raíces para aparentar cumplimientos de la ley. Aunque estos parquecitos no dejan de favorecer al ornato y, frecuentemente, al deporte, la recreación y la interacción social, no se prestan para atender a mucho público y cumplir a cabalidad funciones ecológicas.

El problema de los parques públicos se suma al de la creciente eliminación de jardines, arboledas y otras áreas verdes en los barrios remodelados por la construcción moderna para afectar la calidad de vida de la población. De esa forma, aumenta la exposición a la radiación solar en detrimento de los microclimas urbanos y de la salud de la piel de los humanos. También se incrementa el escurrimiento superficial de las aguas pluviales, hecho que fomenta inundaciones y procesos de erosión. Por otra parte, en esos medios desarbolados se transmite el ruido con más facilidad y se pierde la belleza del paisaje.

Para mantener y mejorar la calidad de vida de la población,   las   únicas   áreas   verdes   grandes, organizadas y habilitadas para masas en la región de Panamá Metro son el Parque Omar Torrijos y el Jardín Summit.

El primero fue antaño un club privado de golf. Actualmente, es administrado por el Órgano Ejecutivo, por intermedio del Despacho de la Primera Dama. Posee una gran área de césped, muchos árboles, juegos infantiles, pista para trote, instalaciones deportivas y espacios para espectáculos. Es un buen sitio para la observación de aves y recibe gran cantidad de visitantes procedentes de todo Panamá Metro.

Sin embargo, las frecuentes actividades colectivas que en él se organizan suelen ser acompañadas de animaciones e interpretaciones musicales que abusan de los aparatos de amplificación de sonidos, razón por la que el parque se convierte, en ocasiones, en un foco de contaminación acústica que perjudica tanto a visitantes como a los vecindarios.

El Jardín Summit es producto de la reversión de tierras de la antigua Zona del Canal. Posee 2,830,000 m2 y es administrado por el Municipio de Panamá. Tiene un jardín zoológico de especies nativas, un inmenso jardín botánico  de  plantas nativas y exóticas, veredas, cursos de agua,  torre de observación de aves, oficinas y un área de exhibiciones y conferencias. Es visitado por escolares, familias, turistas internos y turistas internacionales.

2.1.4- Insuficiencias de la cultura ambiental urbana.

 Todos los indicadores de niveles educativos formales de la población de Panamá Metro son altos; por otra parte se aprecian prácticas generalizadas de higiene personal y de buen manejo sanitario de  los alimentos. Los niveles de educación ambiental no se miden pero, a juzgar por varios indicadores, los programas que se aplican sólo han logrado avances apreciables en el área de los objetivos cognoscitivos, faltando mucho todavía en el alcance de los de los objetivos psicomotores y afectivos.

Hay cierta tolerancia generalizada al ruido, indiferencia de muchos ante los problemas ambien- tales de la comunidad y frecuentes prácticas indebidas tales como el despilfarro del agua potable, la generación de ruidos innecesarios, el arrojo de desperdicios fuera de los tinacos, el fumar al lado de otros, los vandalismos en los espacios comunes y el abandono de automóviles con los motores encendidos por parte de los conductores. Como consecuencia, la buena convivencia en los lugares comunes y públicos es frecuentemente alterada por estos tipos de conducta.

A falta de datos que evalúen estas insuficiencias que afectan la calidad de vida en la región, se cita  el hecho de que durante los cinco días del carnaval de 2006, la Dirección de Municipal de Aseo Urbano y Domiciliario de Panamá, recogió 125 toneladas de basuras de las avenidas reservadas par desfiles.


3- Impactos en la salud de la población.

El tenebroso cuadro de muerte y enfermedad que se cernió sobre la ciudad de Panamá en las últimas décadas del siglo XIX y la primera del XX, es hoy un simple pero aleccionador capítulo de la historia de la salud pública. Él fue cerrado por un temprano y exitoso control de las enfermedades transmisibles y por el mantenimiento de eficientes niveles de salu- bridad.

Sin embargo, todavía ocurren muertes que pudieron haberse evitado o aplazado si no hubiesen sido condicionadas  o  determinadas  por  los  crecientes

problemas ambientales de la región. La subsistencia de ciertas enfermedades transmisibles, lo mismo que la incidencia de muchas otras de tipo crónico- degenerativas no producen muertes automáticas, pero minan la salud de la población, generando problemas individuales, familiares y sociales de todo tipo y una fuerte presión sobre las instituciones estatales responsables del bienestar social.

A estos males se suman los generados por la pobreza extrema en muchos grupos humildes, los cuales se expresan no sólo en forma de bajos ingresos sino también por medio de cuadros de ignorancia,desnutrición, hacinamiento y vulnerabilidad.

Las tasas de mortalidad de Panamá Metro se mantienen bajas puesto que, en 2004, sólo llegaron a
4.1 por mil en el distrito de Panamá y a 3.2 en el de San Miguelito. La mayor parte de los decesos son debidos a enfermedades crónico-degenerativas y afectan, en lo fundamental, a la población  con  60 años y más de edad. Muchas de sus causas tienen origen en factores intrínsecos, entre los cuales, además de la edad, figuran la herencia, el modo de vida, la dieta y el sexo. Sin embargo, también actúan en ellas, en forma significativa, los factores extrínsecos, gran parte de los cuales son de tipo ambiental.

En efecto, entre las diez principales causas de muerte de 2004 registradas en la parte del distrito de Panamá que se denomina Región Metropolitana de Salud, hay ocho patologías crónico-degenerativas y algunas infecciosas en las que intervienen dichos factores extrínsecos. En orden cuantitativo, ellas son las enfermedades isquémicas del corazón, las enfermedades cerebrovasculares, la hipertensión arterial, los tumores malignos de los órganos digestivos, el sida, las neumonías, los tumores malignos de los órganos respiratorios e intratoráxicos y las enfermedades crónicas de las vías respiratorias.

Los decesos por enfermedades isquémicas del corazón, cerebrovasculares e hipertensión sumaron 764 en 2004 y representaron 24.4 % del total de las muertes de dicha región de salud. En este problema intervienen factores de tipo ambiental, ya que el entorno laboral  y  técnico  de  la  aglomeración   de Panamá  fomenta el sedentarismo, el sobrepeso y  la obesidad, al ofrecer muchas comodidades y facilidades eléctricas y mecánicas a una población que se dedica, de manera significativa, a actividades de comercio y servicio.

Por otra parte, en el entorno comercial hay una gran oferta de alimentos ricos en grasa, sal y azúcar. A ello se añaden las tensiones emocionales generadas por la vida urbana moderna y los diferentes tipos de contaminación, entre los cuales son muy importantes para la salud del sistema circulatorio, los relaciona- dos con el ruido, las vibraciones, el tabaquismo, la contaminación atmosférica y la exposición a humo de cigarrillos.

Según las estadísticas, hubo un total de 297 muertes por cáncer en los órganos digestivos y respiratorios. Los tumores malignos localizados en dichas  partes del cuerpo humano son causados por varios agentes. Sin embargo no hay dudas de que están fuertemente influidos por factores extrínsecos tales como la exposición a sustancias tóxicas, entre las cuales sobresale el humo de cigarrillo. El cáncer de las vías respiratorias también está influido por la exposición a las partículas en suspensión, al asbesto y, el de las vías digestivas, por una sinergia entre cigarrillo y alcohol.

El síndrome de la inmunodeficiencia adquirida es clasificado como enfermedad de transmisión sexual y en su adquisición influyen, fundamentalmente, el ambiente social y la conducta de las víctimas. Sin embargo, no deja de ser cierto que algunos contagios que terminan en muertes son provocados por el uso de jeringuillas y otros instrumentos contaminados que emplean los drogadictos.

En 2004, las muertes por neumonía sumaron 129 y las debidas a enfermedades crónicas de las vías respiratorias superiores llegaron a 79. En estos tipos de mortalidad influyen considerablemente los factores ambientales.

Las neumonías consisten en inflamaciones de los pulmones debidas a virus, bacterias, microplasmas o protozoos, pero son causadas también por polvo y gases. Factores de riesgo son la debilidad orgánica de ciertos individuos, el bajo nivel de vida, el hacinamiento,  la  contaminación  bacteriana  de
hospitales y clínicas, la contaminación domiciliaria y el tabaquismo familiar.

Enfermedades crónicas de las vías respiratorias superiores son la bronquitis crónica y las obstrucciones pulmonares crónicas llamadas enfisemas. La bronquitis crónica es causada por el cigarrillo y por la contaminación atmosférica, especialmente en zonas industriales y en las vías de tráfico intenso de automóviles. El enfisema se debe también al tabaco y a la exposición a contaminantes tales como el monóxido de carbono y el óxido de sulfuro, resultantes del automovilismo. También pro- ducen esta enfermedad, en ciertos casos, las infec- ciones y, frecuentemente, los ambientes laborales en los que hay vapores químicos y polvos no tóxicos.

El asma pertenece por igual a este grupo de patologías causantes de muertes. Consiste en una hiperreactividad de las vías respiratorias a una variedad de estímulos, lo que condiciona la presencia de inflamación, espasmo del músculo liso e incremento de la secreción mucosa. En personas susceptibles, el mal puede ser causado por infecciones virales, la práctica de ejercicios intensos y los antígenos del ambiente, especialmente del domiciliario.

Antígenos del ambiente domiciliario que desencadenan asma son el humo de cigarrillo, las cucarachas y otras plagas, la caspa de perros, las proteínas de la saliva de gatos, el moho, el polvo doméstico, los ácaros del polvo, las fragancias, el olor a pinturas y el olor a desinfectantes. Antígenos del ambiente urbano que también generan el mal son el humo de cigarrillos, el dióxido de sulfuro del automovilismo, el polen y los vapores provenientes de la gasolina.

Irritantes presentes en lugares de trabajo que producen asma son los acrilatos, las amonias, los anhídridos, las proteínas animales, los granos de cereales, los medicamentos, los tintes, el formaldehído, el látex, los persulfatos, el aserrín y el olor a pescado y mariscos.

Muertes menos frecuentes que las arriba analizadas también tienen relación con factores ambientales. Entre ellas figuran las debidas a tumores malignos en los  órganos  sexuales  tanto  de  hombres  como  de

mujeres. En estos casos influyen mucho los factores intrínsecos, pero en ambos hay el condicionante de la aspiración de humo de tabaco. En 2004 fallecieron 54 hombres y 52 mujeres por estos tipos de tumores.

Por otra parte, están las muertes por factores externos, la mayor parte de las cuales son por accidentes automovilísticos, aunque se cuentan, adicionalmente, las debidas a ahogamientos, accidentes laborales y exposición a sustancias tóxicas.

Los accidentes automovilísticos son motivados por imprudencias de conductores y peatones, desperfectos mecánicos de vehículos y estados defectuosos de los sistemas de señalización. No obstante, son también provocados por lluvias, vendavales, humos de incendios de herbazales, mala calidad de las vías y otros agentes ambientales.

Las muertes debidas a exposición a sustancias tóxicas consisten frecuentemente en casos de manejo voluntario pero incorrecto de pesticidas. Sin embargo, el 3 de abril de 2005 se dio el deceso simultáneo de cuatro hermanos por inhalación de gases tóxicos, al introducirse sin protección, para fines de trabajo eventual de limpieza, a un tanque del sistema de drenaje de una procesadora avícola del área industrial de Juan Díaz. La estructura contenía dióxido de azufre, sulfuro de carbono, hexafloruro de azufre, metano y amoníaco. A este trágico incidente hay que añadir las numerosas muertes de 2006 por medicinas envenenadas con dietilenglicol

Aparte de las muertes, tenemos que una proporción considerable de las enfermedades infecciosas y crónico-degenerativas que afectan a la población de Panamá Metro son causadas o influidas por los factores ambientales. Ellas debilitan a los individuos, los predisponen a sufrir nuevos padecimientos y tienen efectos socio económicos negativos de considerable  envergadura.

De los casos que atienden las instituciones de de la Región Metropolitana del Ministerio de Salud, los más frecuentes son los de rino-faringitis aguda o catarro común. La patología, altamente contagiosa y difícil de prevenir, ataca más a los niños de  corta edad, pero también incomoda mucho a la población
adulta. Es causada por más de 200 agentes virales, aunque también por bacterias.

En 2004, al igual que en otros años, ocupó el primer lugar en número de casos, los cuales ascendieron a 20,281, representando 18.8 % de las atenciones médicas. Factores de riesgo en esta enfermedad que tienen relación con el ambiente son las concentraciones de población, el hacinamiento, el uso manual de objetos por muchas personas y los domicilios contaminados con humo de cigarrillo.

Otras enfermedades que figuran entre las diez primeras según el número de casos y que se vinculan a problemas ambientales son, en orden de incidencia, las diarreas y gastroenteritis, la influenza, las bronquitis, las asmas y las obesidades.

Las diarreas y las gastroenteritis son la tercera causa de morbilidad. Ellas se deben, generalmente, a infecciones causadas por virus o bacterias. Factores  ambientales que influyen en ellas son el consumo de alimentos vencidos, las comidas preparadas por personas con manos y uñas sucias, la presencia de animales domésticos en las cocinas, las moscas y el consumo de aguas contaminadas. En 2004 las instituciones de la Región Metropolitana del Ministerio de Salud atendieron 6,835 casos de estas enfermedades, los cuales representaron 6.3 % del total nacional.

Las bronquitis no especificadas, con 3,001 casos registrados, ocuparon el cuarto lugar en enfermedades atendidas, pero a ellas hay que añadir los 1,004 casos de bronquitis agudas. Las asmas, con 2,962 casos, se presentaron como la cuarta causa de morbilidad. La obesidad, que ocupó el octavo lugar en atenciones médicas dispensadas, registró 2,592 casos y su relación con el ambiente tiene que ver con las incitaciones a la vida sedentaria y la sobrealimentación.

Al examinar solamente los casos de enfermedades infecciosas que se asocian estrechamente a condiciones ambientales, están entre las de más alta incidencia, la rinofaringitis, las diarreas y gastroenteritis, arriba mencionadas. Pero, además de ellas, figuran, las parasitosis intestinales, la escabiosis, las  mordeduras de perro  y la amibiasis.

Las parasitosis intestinales observaron 1,004 casos. Sin embargo, en la Región de Salud de San Miguelito, Las Cumbres y Chilibre los registros indi- caron 1,989 casos en ese mismo año de 2004. Entre ellas figuran tres enfermedades producidas por helmintos, en cuyas transmisiones intervienen suelos contaminados por heces fecales. Estas son la uncinariasis, adquirida luego del ingreso al organ- ismo de larvas de Necator americanus; la tricocefaliasis, causada  por la  ingestión de  huevos de Trichuris trichura y la ascariasis, debida al consumo de  huevos de Ascaris lumbricoides.

Las atenciones por escabiosis fueron 794; se deben a contactos con personas enfermas, pero también a la permanencia en ambientes desaseados. Las mordeduras de perros sumaron 356 casos, de los cuales 48.3 % se presentaron entre menores de edad. En 2004 hubo 233 casos de amibiasis. Ella es causada por el parásito microscópico Entamoeba histolytica, el cual se aloja en el colon y en otros órganos luego del consumo de agua o alimentos contaminados con heces fecales. En estas contaminaciones intervienen el  empleo  de  ciertas  técnicas agrícolas, la manipulación de la comida por personas con manos sucias y la acción de moscas y cucarachas.

Casos menos frecuentes pero importantes desde el punto de vista de la salud ambiental fueron los de dengue, leishmaniasis y chagas. En 2004, en efecto, se presentaron a las instituciones sanitarias de todo Panamá Metro 20 pacientes con dengue clásico, mientras que en la Región de Salud de San Miguelito, las Cumbres y Chilibre hubo tres casos de chagas y 24 de leishmaniasis.

Estadísticas disponibles de otros casos de enfermedades vinculadas al medio ambiente proporcionados por esta última región son de 2003. Las diez incidencias más altas fueron allí las de rinofaringitis aguda, diarrea, influenza, obesidad, mordedura de perro, varicela, bronquitis, amibiasis y neumonía. Aunque sólo fue un caso, se registró también malaria.

Los casos de dengue clásico, en particular, aumentaron considerablemente en 2006 y 2007.
 Hasta mediados de marzo de 2007, se habían presentado 419 en la Región Metropolitana de Salud y 87 en la de San Miguelito, Las Cumbres y Chilibre. Ello indica que 82% de los afectados en todo el país por esta amenaza de epidemia residían en Panamá Metro.

No todos los brotes de enfermedades causadas por problemas ambientales son detectados por los servicios médicos de clínicas y hospitales. Ello se debe a que muchos pacientes no acuden a las instituciones de
salud y los males solamente son traídos a colación por los medios de comunicación cuando responden a severos problemas ambientales denunciados por la comunidad.

En efecto, en enero de 2006, a raíz de un movimiento vecinal de protesta en la comunidad de Pedregalito, corregimiento Juan Díaz, los medios de comunicación cubrieron la noticia de cinco menores de edad y 42 adultos que estaban intoxicados por plomo. Ese diagnóstico derivó del examen de muestras de sangre hecho por el laboratorio de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, lo que constituyó una razón suficiente para que el Ministeriode Salud clausurara temporalmente una industria de esa urbanización que funde plomo para el reciclaje de baterías para automóviles.

Según los análisis de laboratorio, 17 de los adultos examinados y tres de los menores de edad tenían una plumbemia superior a 20 miligramos por decilitro. De esos menores, dos tenían cinco años de edad y uno de ellos registró niveles de plomo en la sangre del orden de 24.83 miligramos por decilitro.

Cuadro 7
DIEZ PRIMERAS ATENCIONES POR ENFERMEDADES VINCULADAS A PROBLEMAS AMBIENTALES EN LAS INSTITUCIONES DE LA REGIÓN DE SALUD DE SAN MIGUELITO, LAS CUMBRES Y CHILIBRE: AÑO 2003
Enfermedad Casos atendidos

Rinofaringitis aguda
12.825
Diarrea 8.185
Influenza 4.200
Obesidad 759
Mordedura de perro 432
Varicela 239
Amibiasis 219
Bronquitis 190
Neumonía 47
Malaria 1

Fuente: Ministerio de Salud, Organización Mundial de la Salud


La clausura de la fábrica, sin embargo, fue provisional. Ésta reanudó operaciones a fines de mayo de 2006, en un período de prueba de 45 días autorizados por el Ministerio de Salud. Pasado dicho tiempo, siguió operando, motivo por el cual los vecinos hicieron gestiones para su nuevo cierre, lo cual lograron en julio de 2006.

En el caso de los fallecidos con dietilenglicol en 2006, las autoridades reconocieron una cifra de fallecidos que correspondío sólo a la mitad de los decesos probados por la investigación penal hasta mayo de 2007.

4-Riesgos y vulnerabilidades.

Las diferentes estructuras de la aglomeración de Panamá, sus poblaciones y los espacios naturales que la circundan están expuestos a riesgos por desastres. La población económicamente activa se enfrenta a los riesgos de los ambientes laborales donde se desempeña.

4.1-Riesgos y vulnerabilidades a desastres.

Las comunidades de Panamá Metro no están directamente  expuestas  al  riesgo  de  huracanes,siendo poco usuales los terremotos de magnitud y las marejadas. Así tenemos que, aunque los sismos que se generan en la provincia de Panamá y en su plataforma continental son frecuentes, registran casi siempre bajas intensidades.

En efecto, en esta circunscripción se presentaron 981 temblores entre 1994 y 2004, pero marcaron promedios anuales de entre 2.6 y 3.1 grados en la escala de Richter, valores que son registrados por los sismógrafos,,pero que no son  percibidos por  la población. Los únicos terremotos desastrosos de las casas de vecindad, grietas en ciertos edificios, además de un muerto por infarto al miocardio. Afortunadamente, poco antes de que ocurriera el movimiento telúrico, un estadio deportivo repleto de espectadores había sido desalojado, luego de la conclusión de un evento de fútbol.

En otros casos, temblores fuertes tienen sus epicentros en Colón, Kuna Yala o Darién a cierta distancia de la ciudad de Panamá, pero la onda sísmica puede causar efectos en ella, como ocurrió en 1882. La sacudida     telúrica     del     26     de     febrero     de 2000, cuyo epicentro se ubicó en Kuna Yala, generó pánico en la ciudad y agrietó paredes de ciertas viviendas.

Estas experiencias son suficientes para demostrar que las posibilidades de sismos destructivos, aunque remotas, no deben ser totalmente descartadas por la población de Panamá Metro. También queda demostrado que si bien los temblores usuales no llegan a producir derrumbes de construcciones, el Estado y la población deben mantener y multiplicar previsoras medidas de seguridad para evitar desalojos caóticos generados por el pánico, capaces de convertirse en grandes tragedias.

En contraste con la poca frecuencia de los movimientos telúricos, el mal tiempo atmosférico castiga dura y constantemente a Panamá Metro en la estación lluviosa, sobre todo durante los pasos de la zona de confluencia intertropical, cuando son frecuentes los aguaceros torrenciales y, en el período junio-julio, las tormentas eléctricas y ocasionales vendavales, tornados y granizadas.

De estos eventos, el que más daños ha acarreado en las últimas décadas ha sido el tornado del 6 de julio de 1992. Surgió súbitamente, adquirió mucha fuerza y tuvo un recorrido errático por barrios de la periferia de la  ciudad,  antes de  desintegrarse.  Su paso destructivo afectó casas, escuelas, fábricas e instalaciones eléctricas en Juan Díaz, dejando un saldo de diez muertos y 50 heridos. Otros, de menor intensidad, no producen muertes, pero sí daños a la propiedad.

Ejemplos recientes de estos desastres debidos a fenómenos atmosféricos son el vendaval acompañado de granizadas del 20 de junio de 2006 que causó voladuras de techos y otros destrozos a 23 residencias y el del 21 de julio siguiente que dañó 31 casas. También fue muestra del mal tiempo propio de la estación, el pequeño tornado del 25 de julio, causante de la destrucción de los techos de 24 casas en la barriada San Lorenzo de Alcalde Díaz.

En asocio a estas perturbaciones, se presentan también las tormentas eléctricas que pueden herir o matar a individuos alejados del campo de protección de los pararrayos y destruir propiedades. El 3 de junio
de 2006, gran parte de la región padeció la suspensión del servicio de conducción de agua potable a causa de ese problema. Un rayo causó destrozos en la línea de transmisión eléctrica de la potabilizadora de Chilibre e interrumpió, por muchas horas, el sistema de succión de líquido crudo del lago Alajuela. Otro rayo tumbó una sección de uno de los muros del antiguo convento de la Compañía de Jesús del Casco Viejo el 9 de junio siguiente, lo que causó heridas a un niño.

Los deslizamientos y las inundaciones también constituyen eventos muy usuales y cada vez más frecuentes, que hacen de Panamá Metro una de las regiones del país más castigadas por ese tipo de desastres. En efecto, Según el sistema Nacional de Protección Civil, entre 1995 y 2003 ocurrieron 63 deslizamientos en San Miguelito, los que representaron 39.6 % del total de los reportados en todo el país. Los sectores más propensos a estos flagelos en esa circunscripción son Cerro Batea, Mano de Piedra, Santa Marta, Cerro Cocobolo, el Valle de Urracá, El Mirador, la barriada Nueve de Enero y Villa Luzmila.

Por otra parte, la frecuencia de las crecidas de ríos en el distrito de Panamá y, en menor escala, en el de San Miguelito, hace que diferentes instituciones nacionales de protección y seguridad consideren a Panamá Metro una de las regiones de más riesgo a esta clase de catástrofes en toda la república. Datos suministrados por el SINAPROC, destacan que, 11,466 viviendas del corregimiento de Juan Díaz, 10,676 del de Parque Lefevre y 4, 969 del de Curundú fueron afectadas por desbordes de ríos entre 1990 y 2002.

Las inundaciones son fenómenos que ocurren de manera natural aún sin que medie intervención humana. Sin embargo, en las cuencas hidrográficas de la región, sobre todo en las de su porción oriental, las inundaciones han adquirido una frecuencia de hasta dos por año en muchas coyunturas de las últimas décadas. Este recrudecimiento corre parejo con el estado de deforestación, el avance de la pavimentación de espacios, la multiplicación de urbanizaciones y la alteración del trazado de los cauces.

Aunque en casi todos los años de los últimos lustros las crecidas han sido responsables de situaciones dramáticas, el de 2004 registró excepcionales casos de desastre. En septiembre y octubre de ese año la aglomeración de Panamá fue impactada por una cadena de eventos adversos, representados por deslizamientos en las zonas de colinas y desbordes de ríos en las llanuras, cuyos mecanismos fueron anteriormente  analizados.

Ellos causaron cuantiosos daños el día 17 de septiembre de 2004. A tempranas horas de la tarde de ese día, una masa de tierra desprendida de un cerro en la barriada Roberto Durán de San Miguelito cayó sobre una vivienda y mató a tres hermanitos. Los deslizamientos continuaron en otras partes de la ciu- dad y, con marea baja, el Río Abajo, aumentó peli- grosamente su nivel, mientras que los ríos Juan Díaz, Tocumen y Cabra, lo mismo que afluentes como el Palomo y el Tapia comenzaron a desbordarse.

En la tarde y en la noche de ese día, las aguas desbordadas de varios ríos, según el Sistema Nacional de Protección Civil, invadieron 60 barriadas del este del distrito de Panamá, cobraron la vida de otras 14  personas, causaron perjuicios  a 13,016 habitantes y dejaron 1,405 damnificados. El desastre afectó a 2,580 casas y generó destrozos en el sector vivienda evaluados en 2,730,000 balboas, parte de los cuales provino de la recién inaugurada barriada Prados del Este. También sufrieron carreteras y puentes, quedando arruinada una potabilizadora de agua localizada en el río Cabra.

Pasada esta conmoción, el 11 de octubre de ese año se desbordó el río Pacora, donde las aguas rompieron un dique de tierra hecho para retirar al río de un meandro. Al regresar éste a su cauce natural, encontró en él a tres barriadas recientemente con- struidas, las que quedaron completamente anegadas, en perjuicio de 592 personas. En el mismo pueblo de Pacora, 100 residentes de un hogar de ancianos debieron ser evacuados. Ese mismo día, las aguas del río Cabra volvieron a subir de nivel y atacaron otra vez a Prados del Este.

Los asentamientos humanos más vulnerables durante estos eventos demostraron ser los de tipo espontáneo que se localizan a orillas del río Cabra, donde se dieron todas las muertes por ahogamiento. Sin embargo, el caso de Prados del Este fue el de la vulnerabilidad más señalada por la opinión pública y por diferentes instituciones defensoras de los derechos  humanos.

Esta urbanización se construyó en tierras inundables antes ocupadas por arrozales, en las cuales se había hecho incluso una excavación que ponía al terreno escogido para la urbanización por debajo del nivel original de la llanura. A pesar de ello y de las numerosas fallas técnicas administrativas y ambientales del proyecto, el Banco Nacional de Panamá financió esta iniciativa, logrando sus promotores, simultáneamente, casi todas las autorizaciones exigidas por la legislación, de parte de las instituciones públicas competentes.

El agua de la primera inundación alcanzó un nivel de 1.5 metros en Prados del Este, afectando a 720 casas y a 3,600 personas, en su mayoría miembros de familias deudoras de préstamos hipotecarios del Banco Nacional de Panamá. Como la corriente provocó el derrame de numerosos tanques sépticos repletos de excretas, las aguas negras impregnaron estructuras arquitectónicas de plástico absorbente que se emplearon en la construcción de las casas, dejando en ellas, meses mas tarde, olores fétidos persistentes.

Las autoridades nacionales, luego de acoger diversas demandas de los perjudicados, declararon a la barriada inhabitable y ordenaron la demolición de las casas. Mientras, han seguido su curso regular procesos penales contra ciertos promotores del proyecto por diferentes delitos relacionados con los impactos de la catástrofe.

Pese a las medidas tomadas por las autoridades y la comunidad para reducir los riesgos de daños por desbordes de ríos después de las calamidades de 2004, éstas han seguido ocurriendo, sobre todo durante los períodos de máxima precipitación.

El 10 de noviembre de 2005 hubo inundaciones en La Cabima de Alcalde Díaz y en Felipillo, Pacora. Las primeras causaron daños a tres viviendas ocupadas por 16 personas. En Felipillo, los desbordes perjudicaron a 18 viviendas y a 111 habitantes. Con posterioridad, el 26 de junio de 2006 se desbordó el río Sucre en Chilibre, afectando a San Vicente, a seis otros asentamientos y a 468 habitantes del cor- regimiento. Desbordes de ciertos afluentes del río Tocumen anegaron algunas casas el 13 de julio del mismo año.

Debido a las deficiencias de los sistemas de drenaje, las lluvias producen inundaciones en áreas de la ciudad donde no hay ríos. Como ejemplo tenemos que una fuerte tempestad matutina ocurrida el 18 de julio de 2006, anegó las avenidas Porras, Franghipani, Santa Elena, vía España y la calle 18 de El Chorrillo. En esta calle, el agua turbia entró a las viviendas y deterioró enseres pertenecientes a 110 personas.

Otro riesgo de desastre asociado a fenómenos naturales proviene de las descargas eléctricas, las cuales tienen mayores frecuencias durante ese primer paso anual de dicha ZCIT por Panamá. Ellas producen víctimas humanas y destrozos en la propiedad pública y privada.

Un desastre poco vinculado a factores naturales que históricamente ha causado grandes destrucciones en Panamá Metro ha estado representado por los incendios de edificaciones. Aunque a ellos son vulnerables diferentes clases de estructuras, los más frecuentes golpean a barracas, casas de vecindad y viviendas improvisadas, localizadas en los barrios antiguos de la ciudad de Panamá. Uno de los más devastadores destruyó todo el extremo occidental del barrio de El Chorrillo el 21 de diciembre de 1988, a raíz de la invasión norteamericana de aquella ocasión.

En 2005, a causa de los fuegos desatados en ocho de las destartaladas y vulnerables casas de madera que subsisten en la ciudad de Panamá, resultaron damnificadas 185 familias de los corregimientos de Santa Ana, Curundú y Calidonia. Estos incendios de viviendas se deben, en lo fundamental, a factores humanos, generalmente vinculados a la mala calidad de las casas y al estado de pobreza de quienes las habitan.

En la madrugada del 21 de marzo y en la mañana del 21  de  mayo  de  2007,  dos  grandes incendios destruyeron sectores del barrio de Curundú. El primero de ellos fue desatado por pandillas de delincuentes juveniles, consumió 137viviendas de madera del sector “S” del barrio de Curundú, dejando un saldo de dos  niños  muertos, una niña desaparecida y 700 damnificados. El otro siniestro destruyó 106 cuartos de tres barracas de madera del sector El Triángulo, dejando 400 damnifi- cados. La sofocación de los fuegos se hizo difícil debido al material inflamable de las casas y a la ausencia de calles en el barrio.

Sin embargo, los incendios desastrosos también amenazaron a importantes oficinas gubernamentales, sobre todo a las que se han mudado del centro de la ciudad a viejos edificios de la antigua Zona del Canal. En la madrugada del 1 de abril de 2006, por ejemplo, un fuego consumió parte de un edificio de madera del Órgano Judicial, localizado en las faldas del cerro Ancón, construido en 1907, donde funcionaban dos tribunales marítimos y varios juzgados municipales, penales y civiles. El desastre causó grandes pérdidas de expedientes.

Los elevados edificios modernos que en el presente se construyen en el centro de negocios de la ciudad de Panamá son vulnerables a incendios de difícil control ya que las oficinas de seguridad encargadas de estos tipos de desastres carecen de equipos para sofocar desde afuera fuegos que se produzcan a más de 23 metros de altura. Estos edificios deben tener dispositivos contra incendios y suficientes salidas de emergencia.

Los incendios de bosques, matorrales y herbazales en Panamá Metro no destruyen hasta el momento viviendas y propiedades públicas, aunque sí las amenazan, sobre todo a las localizadas en ciertas áreas de San Miguelito y en corregimientos tales como Ancón, Betania y Las Cumbres. Estos eventos, sin  embargo,  producen   angustias,   irritaciones de mucosas, aspiraciones de humos y persistencia de olores molestos  que incomodan a los vecinos.

También pueden afectar a las instalaciones eléctricas de la región, provocando interrupciones del fluido de efectos muy dañinos para la economía y la sociedad. Se ha acusado a un fuego de matorral ocurrido cerca de los predios de la Universidad Tecnológica el 4 de marzo de 2006, del deterioro varias líneas de conducción. Ello provocó, según la versión de una de las partes implicadas en el accidente, una falla que perjudicó a la subestación de Cáceres.

La falla repercutió en las sincronizaciones del sistema interconectado nacional, el cual tuvo un colapso de dos horas de duración. En Panamá Metro se interrumpió el servicio de semáforos, escaseó el agua potable en lugares altos o distantes, se cayeron los sistemas electrónicos  del  comercio,  se paralizaron muchas industrias y la población padeció privaciones e incomodidades.

Otro riesgo a que está sometida la región emana de la carga radioactiva que pasa por el Canal de Panamá. Cuatro veces por año pasan barcos con plutonio que provienen de Francia y el Reino Unido con destino a Japón. Las empresas responsables de la carga advierten que el producto está vitrificado y la Autoridad del Canal de Panamá señala que los buques cumplen con estrictas medidas de seguridad. Sin embargo, el Tribunal Latinoamericano del Agua, organismo sin poder coercitivo, condenó al gobierno de Panamá por permitir esos tránsitos en marzo de 2006.

Debido al hecho que los ecosistemas naturales y urbanos de la región albergan plantas urticantes y varios animales ponzoñosos o agresivos, la población confronta tambien riesgos ocasionales de mordeduras de serpientes, de picaduras de abejas africanizadas y otros invertebrados, al igual que ataques de cocodrilos. El 13 de mayo de 2007 un niño de Pedregal de tres años de edad falleció por picadura de escorpión y, el 17 del mismo mes, un pescador desapareció luego de ser atacado por un lagarto en el lago Miraflores.

4.2-Riesgos en los lugares de trabajo.

Además de los riesgos a que están sometidas muchas viviendas, tenemos los que se presentan en los locales de trabajo. Aunque las profesiones más vulnerables son las del sector agrícola, también hay muchos problemas en el área urbana tales como las caídas en las construcciones, la amputación de dedos y manos en la industria del plástico, la exposición al calor en las cocinas y las asmas en las fábricas de confección de ropa.

Según el Sindicato Único de la Construcción y Similares, SUNTRACS, principal sindicato de obreros de esa rama de     actividad,     entre     1999     y     principios     de 2007 fallecieron 110 obreros en los lugares de trabajo en todo el país. De ese cifra, 28 murieron en 2006 y, del total de decesos ocurridos entre el 1 de enero y el 12 de marzo de 2007, 75% tuvo lugar en Panamá Metro.

Por otro lado, la Caja de Seguro Social informa que, en 2003, hubo en todo el país, 10,012 accidentes de trabajo  reportados,  394  casos  de  enfermedades ocupacionales y 43 muertes por diferentes riesgos laborales. En 2004, en la ciudad de Panamá, se pagaron 57 subsidios por funerales, accidentes laborales y enfermedades ocupacionales que costaron B/ 17,000. Mientras, en el Complejo Hospitalario Metropolitano hubo 1,855 hospitalizaciones por riesgos profesionales entre 2000 y 2004.

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