Inundaciones: un desastre cien veces repetido

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Magela Cabrera Arias
2013-08-02 — 12:00:00 AM — Cada año, especialmente, en el Área Metropolitana y en las provincias de Bocas del Toro, Veraguas, Chiriquí, Colón y Darién, se producen graves inundaciones ocasionando muerte y destrucción 

A pesar de la frecuencia de estas situaciones, la desmemoria borra lo que ocurre. Erróneamente se les llama desastres naturales, pero no son naturales, son el resultado de la apatía e irresponsabilidad de autoridades que permiten un modelo de desarrollo urbano desacertado y de conductas impropias de la población. 

Las lluvias intensas son amenazas naturales que interactúan con factores antrópicos: modelo de urbanización, gestión del suelo, deficiencias en servicios de infraestructura básica e incumplimiento de normativa de construcción, que sumados a condiciones de vulnerabilidad social y económica, conforman los riesgos ambientales urbanos. 

Informes del Banco Mundial confirman que la persistencia del deterioro ambiental y las frágiles condiciones de gobernabilidad, relacionados con la calidad de las instituciones y los criterios de inversión, incrementan las presiones que terminan provocando desastres. Además, según el Informe mundial sobre Desastres 2012, también contribuyen el crecimiento demográfico, la acelerada urbanización, el aumento de la desigualdad y el cambio climático. 

A la luz de lo anterior y a modo de ejemplo, veamos lo que sucede en Arraiján, distrito de crecimiento acelerado, sin un plan de ordenamiento urbano. Aproximadamente desde 2010, cuando floreció el boom de la construcción en la zona, se implantó un modelo de desarrollo urbano que involucró destrucción de la cobertura vegetal —que cumple una función de esponja recogiendo la lluvia, almacenándola en el suelo y liberándola lentamente a los acuíferos subterráneos—; y alteración de los niveles naturales del terreno. Las viviendas se construyeron sobre planicies aluviales de la cuenca hidrográfica de Arraiján (ríos Aguacate, Burunga, Bernardino, Caimito y otros). 

Urbanizaciones tales como: Ciudad del Futuro, Valle Hermoso, Valle del Sol, El Bernardino, Las Villas, El Tecal y El Palmar comparten características: viviendas minúsculas, levantadas en zonas deforestadas, sin plantas de tratamiento de aguas negras /o con plantas, pero sin mantenimiento, asentadas en la orilla de los ríos y quebradas (afluentes del río Caimito) y/o ocupando zonas que fueron manglares. Esto nos ayuda a comprender la desesperación de habitantes del Mastranto en La Chorrera y de otras ur banizaciones en Arraiján que recientemente demandaron acciones antes de que inundaciones y deslizamientos les arruinen la vida nuevamente. 

Panamá tiene un vasto marco legal de gestión urbana. No obstante, según el informe de PNUMA, GEO Panamá 2009, las limitadas acciones de fiscalización sobre el cumplimiento de normas y la ausencia de voluntad política, permiten la eliminación de colinas, zonas arborizadas y manglares, desvío de ríos, alteración de zonas de rivera y de costa. Estas acciones favorecedoras de los intereses inmobiliarios, aceleran la erosión del suelo y aumentan la superficie de zonas vulnerables a deslizamientos de tierra e inundaciones. 

Con ánimo de impulsar a las autoridades a tomar medidas antes de que se escriba otro capítulo de la historia de desastres, citaré solo unos pocos eventos —los más recientes. En noviembre de 2008 inundaciones afectaron a Bocas del Toro, Chiriquí, Veraguas, Darién, Colón y áreas de Panamá Este y Noreste, se declararon damnificadas a 23,287 personas de las cuales 6 fallecieron. 

Las inundaciones del 8 Diciembre de 2010 impidieron la distribución de agua potable por varias semanas, interrumpieron la navegación por el Canal de Panamá y dejaron 16,000 damnificados y daños materiales por 150 millones de dólares. El 7 de julio de 2011 calles inundadas y alcantarillas desbordadas en Punta Pacífica, arruinaron la inauguración del edificio más emblemático de Panamá, el Trump Tower —mostrando patentemen te la cara lujosa de la ineficacia del modelo de desarrollo urbano—. El 27 de noviembre de 2012 inundaciones en Colón, La Chorrera y Arraiján provocaron 3,000 afectados, cinco muertos y al menos US$35.1 millones en pérdidas materiales. 

La frecuencia e intensidad de los desastres, obligan a tomar acciones perentorias. Sugiero algunas: 

1. Cumplir el Plan Nacional de Gestión de Riesgos. 

2. Cambiar la actitud reactiva —después de ocurrido el desastre— a la preventiva. 

3. Detener el modelo de desarrollo urbano destructor de manglares y áreas boscosas, y extractor de arena y piedra de los ríos. 

4. Ejecutar un nuevo modelo de desarrollo urbano; revisar y modificar normativas relativas a usos suelo permitido, densidades urbanas, coeficientes de intensidad de usos, capacidad de las infraestructuras básicas, y otras que aseguren la construcción de una ciudad sostenible y no —como hasta ahora— garanticen la maximización de la ganancia con base en la renta del suelo. La anterior sin reforzar la capacidad de las autoridades para implementarlos sería inútil. 

5. Diseñar y ejecutar un plan de cultura ciudadana (cívica) que modifique hábitos irresponsables y perniciosos como botar basura en ríos, quebradas y calles; e imponga multas onerosas a empresas constructoras que eliminan sus desechos en las alcantarillas, lo que impide el libre flujo del agua y tapona los desagües contribuyendo así a las inundaciones. 

ARQUITECTA. 

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