Panamá: el renacimiento del Ave Fenix



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MAGELA CABRERA ARIAS

Panamá: el renacimiento del Ave Fénix

2013-08-15 — 12:00:00 AM — Motivada por la conmemoración de los 494 años de la fundación de Panamá La Vieja, comparto algunas reflexiones en torno a su transformación. La evocación de hechos históricos que han dejado huellas profundas y marcado hitos significativos para una nación, además de explicar el presente, ayudan a vislumbrar y determinar el futuro, especialmente en ciertas coyunturas de cambio acelerado.

La ciudad, como muchas circunstancias humanas, evoluciona entre el azar y la penuria; en su desenvolvimiento, además, inciden otros factores, tales como: sus determinantes geográficas, la idiosincrasia de sus gentes y sus imaginarios sobre la ciudad —entendidos éstos como la realidad que percibimos haber vivido, sentido y experimentado—, lo que a su vez nos lleva a vivirla como lo determinan los propios imaginarios, según expone lucidamente Armando Silva, filósofo y semiólogo colombiano, en su libro ‘Imaginarios Urbanos’. Lo anterior explica la singularidad de cada ciudad, así como las oportunidades, necesidades y retos que intempestiva y sorprendentemente inciden en su metamorfosis, abriendo paso a realidades urbanas diferentes.

La ciudad de Panamá, a pesar de sus constantes conflictos, permanece y renace. En cada etapa histórica se ha decretado la muerte de la ciudad, pero siempre como el Ave Fénix ha renacido de sus ce nizas. Desarrollaré la idea tomando prestados los apelativos que a las distintas transformaciones de la ciudad de Panamá le da R. Rodríguez Purcell, arquitecto panameño, en su poético libro titulado ‘Fundaciones’.

A la primera fundación en 1519 la llamó ‘la ciudad desprotegida’ (Panamá La Vieja); a la segunda en 1600, la nombró ‘la ciudad amurallada’ (San Felipe); la tercera en 1850 ‘el salto sobre la muralla’, cuando la ciudad se desparrama por los arrabales al ritmo de la construcción del ferrocarril transístmico que transporta a los aventureros con la fiebre del oro. A la cuarta en 1860 ‘el retorno a la matriz’, cuando la ciudad vuelve a su entorno protegido por las murallas por decisión de los constructores franceses del canal; a la quinta, en 1904 ‘la ciudad zanjada’ con bandera extranjera para culminar el canal. La sexta en 1979 ‘la conurbación dispersa’, cuando se restituye a la ciudad los retazos de su territorio, en virtud del tratado firmado. La séptima en 2000 ‘el incierto futuro’, con áreas revertidas y canal soberano como esperanza para los pobres. Actualmente, en 2013, ¿la octava, qué nombre le damos? Yo la bautizo ‘la ciudad engañosa’, donde las desigualdades, la inseguridad y las viviendas informales se combinan con brillantes rascacielos, metros y nuevos canales.

Cada fundación de la ciudad originada por cambios tecnológicos, económicos y sociopolíticos ha intimidado a muchos que la han creído condenada a su desaparición. Sin embargo, la ciudad ha reaccionado se ha transformado y ha continuado siendo ciudad con otros retos aparentemente diferentes, aunque en esencia los mis mos: necesidad de nuevas centralidades, de calidad de vida, de cultura, de economías de aglomeración y de consumo colectivo, de gobernabilidad y de oportunidades de protección y recreo.

La ciudad se constituye con base en el intercambio de bienes y servicios, de interacciones entre autoridades y ciudadanos, de realidades e imaginarios. Intercambio e interacción se alimentan de la heterogeneidad; pero debemos estar atentos, pues algunas diferencias potencian las desigualdades que causan injusticias y conflictos.

La vitalidad de la ciudad se exhibe a través del cambio, de la diferencia y también del conflicto social, puesto que existen intereses opuestos, demandas y valores diversos. Pero la vocación de cambio es inherente a las ciudades y, por tanto, es posible erigir ciudades para unirnos y protegernos, para construir una comunidad que se legitime a través del debate, la solidaridad, la tolerancia a las diferencias y la capacidad de generar gobernabilidad.

Es tiempo de renombrarnos, de abandonar el modelo de desarrollo consumista y depredador y prepararnos para otra fundación. Como el Ave Fénix, podemos renacer de las miserias y las injusticias, con base en las oportunidades que la naturaleza y el empeño de muchos panameños lúcidos le han otorgado a Panamá. Armando Silva afirma que ‘ciudad y palabra que la nombra van juntas desde los inicios’; en otros términos, la ciudad surge del imaginario de sus pobladores, que determinan su destino al nombrarla.

Propongo unir esfuerzos para hacer la novena fundación, la nombraríamos ‘la ciudad justa’. Allí desplegaríamos lo mejor de los ciudadanos y del nuevo urbanismo: alta densidad poblacional y gran intensidad en actividades desarrolladas en un tejido compacto y amistoso con el peatón, asegurando la conectividad urbana, vinculando evolución con memoria, funcionalidad con justicia social, protegiendo el medioambiente, garantizando la calidad en la arquitectura y el diseño urbano, con viviendas seguras y dignas para todos, con equipamientos de educación, salud, cultura y ocio suficientes y equitativamente distribuidos en la ciudad, rescatando a los olvidados y a los expulsados a las periferias.

ARQUITECTA. 

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