Elogio a la Pregunta

15 septiembre, 2013 por

¿Nos gusta preguntar? Trataré de hacer un ensayo (entendido como prueba) para responder a esta pregunta. Venimos de un sistema educativo que no nos enseña a preguntar. Aprendemos a hablar, a denunciar, a utilizar la retórica. Formulamos sin hacer una sola pregunta, punto de partida de una reflexión, de una formulación, y de una conversación inteligente. A la ausencia de preguntas no nos detenemos a escuchar realmente al otro o no tenemos la paciencia para realmente leer lo que el otro trata de transmitirnos. Algunas veces, me ha tocado escuchar lo siguiente: ¡sí, ya sé lo que vas a decirme! Asumimos, de antemano, lo que nuestro interlocutor va a decirnos. Puede ser cierto, pero el problema es que, más bien, lo que revelamos es nuestra poca disposición a realmente escuchar y a leer atentamente. Posiblemente es de aquí que nacen tantos malentendidos, e, incluso, enemistades innecesarias.
En efecto, si la caballerosidad no quita lo valiente, la pregunta no quita lo inteligente. A veces pienso que algunos consideran preguntar como una señal de inferioridad. Para qué preguntar si ya sabemos lo que van a decirnos y, sobre todo, por qué debemos preguntar si, de antemano, ya sabemos lo que queremos decir. En la categoría de la pregunta está la curiosidad, y, sobre todo, la apertura hacia el mundo. Las ideologías totalitarias y las religiones no ven con buenos ojos la pregunta, no solo por ser sistemas cerrados (porque de hecho lo son), sino porque precisamente son totalitarias pues tienen el objetivo de determinar hasta nuestras vidas privadas. Pero, cuando estos sistemas aceptan las preguntas es, porque, de antemano, tienen el control de la misma. Ya saben lo que van a decir. Vivir y formular preguntas es una conquista de nuestra civilización, del pensamiento moderno, y, en este sentido, nuestra tradición cultural es muy retórica, muy de oratoria, y esto nos impide a ir más allá del discurso que solo expone y afirma. En las escuelas deberían hacer concursos donde se enseñe a los estudiantes cómo preguntar, es decir, a pensar más críticamente, pero no a partir de un molde establecido, sino a partir de la voluntad y el interés de descubrir el mundo.
¿Es posible que debamos re-descubrir al niño en cada uno de nosotros? Aquí no pretendo ahora decir lo que debemos hacer. No obstante, creo que debemos fortalecer una cultura de la pregunta, de la curiosidad, de la apertura, del diálogo y del debate. Una cultura de la libertad que no se deje atrapar en los moldes fijos, pre-estalecidos, y que nos permita ver el mundo en toda su diversidad y movimiento. Es de aquí, entonces, qué me gustaría terminar con un clásico, el Fedro, que es un texto de los diálogos de Platón, cuando el filósofo, Sócrates, quien nunca escribió un libro (Nietzsche), precisamente comienza con una pregunta: “A dónde y de dónde, querido Fedro?”.

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