Mercado de productos usados

Imagen previa a la intervención. Regido por la informalidad y la provisionalidad, los Encants es un mercado de almonedistas en el que se trafica a cielo abierto con objetos rechazados o huérfanos que recuperan valor bajo los reclamos de comerciantes instalados entre el bullicio y la precariedad.  © Rafael Vargas
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DESCRIPCIÓN

ESTADO ANTERIOR

Como el londinense Portobello, el Rastro madrileño o el Porta Portese romano, el de los Encants es un mercado de almonedistas emblemático. Regido por la informalidad y la provisionalidad, en él se trafica a cielo abierto con objetos rechazados o huérfanos que recuperan valor bajo los reclamos de comerciantes instalados entre el alborozo y la precariedad. A lo largo de más de cinco siglos, el mercado ha ocupado muy diversos emplazamientos de Barcelona, aunque siempre ha mantenido el mismo nombre. También un carácter marginal y desbordante que es difícilmente regulable y lo hace incómodo allí donde se planta. Quizá por eso, en 1928, un año antes de que la ciudad acogiera su segunda Exposición Universal, fue apartado hacia la plaza de las Glòries, un espacio que, a pesar de la confluencia de tres arterias principales, nunca ha alcanzado la centralidad que le auguraba Ildefons Cerdà cuando trazaba el Eixample barcelonés.

El mercado sobrevivió casi noventa años en un descampado de quince mil metros cuadrados, hundido y mal urbanizado, al oeste de la plaza. Esta, sometida a una reforma con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, se convirtió en un nudo viario elevado, más propio de cualquier paisaje periférico que de un centro urbano como es debido. Pronto se sucederían proyectos de renovación integral que, para convertir las Glòries en un verdadero centro metropolitano, asumían el traslado de los Encants a otros emplazamientos. Mientras ninguno de ellos acababa de salir adelante, arquitecturas icónicas y exentas como el Teatro Nacional de Cataluña, el Museo del Diseño o el rascacielos Agbar iban poblando el sur y el este de la plaza prometiéndole el protagonismo anhelado. Pero, a pesar de sus más de cincuenta mil visitantes semanales, que lo convertían en uno de los establecimientos más populares y rentables de la red municipal de mercados, los Encants presenciaban todos estos cambios con las instalaciones destartaladas y bajo una permanente incertidumbre respecto a su futuro.

OBJETO DE LA INTERVENCIÓN

En 2008, el Ayuntamiento de Barcelona garantizó finalmente que los Encants formarían parte de las nuevas Glòries, donde se previó soterrar el tráfico del nudo viario para dar cabida a un futuro parque de escala metropolitana. La decisión implicaba la renovación de las instalaciones existentes, que debían dejar atrás su marginalidad para satisfacer los estándares actuales en materia de accesibilidad, seguridad, señalización y logística, pero, sobre todo, para contribuir a la representatividad de la nueva plaza. Las obras no podían interrumpir la actividad del mercado, así que se optó por construir unas instalaciones de nueva planta en un solar público disponible en el sur de la plaza.

Sin embargo, la parcela concedida, que apenas contaba con la mitad de la superficie de la precedente, planteaba serios retos. No cabía el mismo número de puestos sin apilarlos en varios niveles, pero era necesario que los nuevos Encants mantuvieran el carácter de mercado a pie de calle y al aire libre. Además, había que respetar el carácter de las pequeñas unidades familiares que habían ejercido la almoneda durante generaciones. Los comerciantes, muchos de los cuales se mostraban recelosos ante la posibilidad de un cambio de modelo comercial que resultase excluyente, fueron convocados en asambleas y talleres para perfilar el programa y validar el proyecto.

DESCRIPCIÓN

El nuevo mercado de los Encants se cobija bajo un gran porche de unos veinticinco metros de altura que protege del sol y la lluvia a vendedores y clientes. Tiene la forma triangular de la parcela que ocupa y constituye un hito prominente dentro del paisaje abierto de la plaza de las Glòries, donde ya se ha derribado la anilla viaria elevada para poder emplazar el futuro parque. Soportado por una retícula de pilares metálicos muy esbeltos, el porche se estructura en franjas paralelas de anchura y altura variables. Cada franja está fragmentada en facetas triangulares con superficie y pendientes diferentes y su paramento inferior, revestido con láminas de acero inoxidable pulido y dorado, refleja la actividad que hay debajo como un espejo roto.

Bajo este techo caleidoscópico, hay ciento cincuenta y seis paradas y ochenta y cuatro tiendas. Están constituidas por armarios y cabinas de plancha metálica que respetan, en su neutralidad ligera y gris, el protagonismo del género expuesto. Las losas sobre las que reposan expresan la pesadez de una calzada, pero se elevan respecto a las calles perimetrales formando una rampa continua y de pendientes suaves que se enrosca en torno a un vacío central donde, a primera hora de la mañana, se subasta el género. Ello hace posible que los puestos de venta se apilen en tres niveles sin perder el contacto visual con la plaza ni recluirse en un edificio cerrado. En total, a pesar de la reducción del suelo disponible, casi el noventa y dos por ciento de los trescientos quince negocios registrados anteriormente continúa su actividad en el nuevo mercado.

VALORACIÓN

A pesar de estas cifras oficiales, es probable que el grado de informalidad de los antiguos Encants no permita nunca saber hasta qué punto la reforma ha expulsado a los vendedores más precarios, lo que sería lamentable en una obra pública que ha costado cincuenta millones de euros. Más allá de los datos, no faltan las voces críticas que lamentan cambios cualitativos en el tipo de oferta de algunos de los nuevos comercios y en el paisaje humano de la clientela, entre la que ha aumentado considerablemente la proporción de turistas. En cualquier caso, no hay duda de que el nuevo mercado es fruto de la apuesta de la administración pública por la defensa de un modelo comercial que, pese a su antigüedad, está lejos de ser obsoleto. Mientras las ciudades europeas sufren los estragos de la desindustrialización y el consumismo, el mercado de almonedistas les brinda una alternativa democrática y sostenible. Es un espacio cívico, vital y abierto a todos, un lugar de encuentro e intercambio donde los sectores más desfavorecidos de la sociedad pueden comprar y vender artículos reciclados que otros rechazarían como residuos. Un porche sin fachadas concuerda con este modelo y contradice el de los grandes centros comerciales que se cierran sobre sí mismos y vacían las calles de actividad. Ojalá la futura plaza de las Glòries, al contrario que su predecesora, sepa beneficiarse de la vida que le ofrecen los nuevos Encants.

David Bravo Bordas, arquitecto.

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